Arqueólogos confirman que el oso pardo luchó en combates romanos en la arena contra un gladiador
Lo que revela el cráneo de un oso pardo hallado en Serbia sobre los combates en la arena

Ilustración de época victoriana (1860s) que recrea a bestiarii, gladiadores especializados en luchar contra fieras, enfrentándose a tigres y leones en el Coliseo de Roma. Escenas como esta eran habituales en las venationes, los espectáculos matutinos del circo romano.
En 2016, arqueólogos encontraron el cráneo roto de un oso pardo cerca del antiguo anfiteatro romano de Viminacium, en Serbia. Lo que parecía solo un resto animal resultó ser una prueba clave de los combates entre fieras y humanos en la Roma imperial.
Tenía unos seis años cuando murió. El cráneo muestra una fractura profunda en la frente, como si lo hubieran golpeado con una maza o una lanza. La herida nunca cicatrizó del todo y se infectó. Fue eso lo que probablemente lo mató.
También tenía los colmillos desgastados por morder barrotes, algo típico de animales estresados que pasan mucho tiempo encerrados. Todo apunta a que este oso fue usado más de una vez en espectáculos públicos.
León
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Los detalles del caso fueron recogidos en el estudio 'A spectacle of the Roman amphitheatre at Viminacium: multiproxy analysis of a brown bear skull', publicado en septiembre de 2025 en la revista científica Antiquity, editada por la prestigiosa Cambridge University Press.
El equipo investigador estuvo encabezado por el arqueólogo Nemanja Marković, del Instituto de Arqueología de Belgrado, junto con expertos de la Universidad de Varsovia, la Universidad de Belgrado y la Indiana University Health, en EE. UU. Su análisis cruzó pruebas forenses, genéticas y radiológicas para reconstruir la vida y muerte del animal.
Era un oso local, de los Balcanes. No vino de África ni de Asia. Fue cazado en la zona, capturado y preparado para la arena. Traer fieras desde lugares cercanos para reducir costes era una práctica común.
Viminacium fue una ciudad romana con más de 40.000 habitantes. Su anfiteatro tenía espacio para 7.000 personas. Allí, como en otros lugares del Imperio, se celebraban venationes: luchas entre hombres —los bestiarii— y animales salvajes.
No lo tiraron como a los demás: este oso fue enterrado
A diferencia de otros restos hallados en el área, este oso no fue arrojado como basura. Fue enterrado. Los arqueólogos creen que eso indica que tuvo algún tipo de valor simbólico.