Diario de León

Confirmado por la ciencia: el secreto de la expansión del oso pardo está en lo que come

Un estudio reciente liderado por el MNCN-CSIC demuestra que la presencia del oso pardo depende directamente de las especies de su entorno, y refuerza el enfoque del programa LIFE Osos con Futuro

Un oso pardo en el recinto natural del Parque de Cabárceno, Cantabria, símbolo del éxito en la recuperación de la especie en España. Cabárceno celebra este año su 35º aniversario como referente en conservación y educación ambiental.

Un oso pardo en el recinto natural del Parque de Cabárceno, Cantabria, símbolo del éxito en la recuperación de la especie en España. Cabárceno celebra este año su 35º aniversario como referente en conservación y educación ambiental.Getty Images

Patricia de la Torre
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La recuperación del oso pardo en la Cordillera Cantábrica es mucho más que una buena noticia ambiental: es el reflejo de una estrategia basada en la ciencia, la acción coordinada y la conservación de redes ecológicas completas. El proyecto LIFE Osos con Futuro —una iniciativa conjunta entre el Ministerio para la Transición Ecológica, la Fundación Oso Pardo, la Fundación Biodiversidad y otras entidades— ha sido clave en este avance. Su éxito radica en una fórmula simple pero poderosa: entender al oso como parte de un ecosistema dinámico y mejorar la adaptabilidad de su hábitat y sus recursos.

Un estudio internacional publicado en Global Change Biology confirma científicamente este enfoque: la distribución del oso pardo está directamente condicionada por las especies con las que convive y de las que se alimenta. El hallazgo encaja con el reciente contexto que vive la especie en España, donde las autoridades han celebrado el incremento poblacional en la cordillera cantábrica, se han detectado incursiones en zonas limítrofes como Valdeorras con impactos sobre la apicultura, y se han reabierto debates sobre la necesidad de revisar su estatus legal en regiones como la Cabrera.

Las interacciones ecológicas, clave para la distribución del oso pardo

El estudio —desarrollado por un consorcio internacional en el que participa el MNCN-CSIC— analiza más de tres millones de localizaciones de cerca de 3.000 osos en 14 subpoblaciones europeas y turcas. Su conclusión es inequívoca: la presencia del oso pardo está directamente ligada a las especies que componen su dieta, lo que convierte a las interacciones tróficas en el eje estructural de su distribución.

«Observamos que el oso ocupa aquellos lugares donde dispone de más energía procedente de las especies de su dieta», resume Vincenzo Penteriani, investigador del MNCN.

Esto tiene una implicación directa: proteger al oso significa también proteger a las hayas, los robles, los ciervos o los jabalíes. La conservación ya no puede limitarse a la especie emblemática, sino que debe extenderse a toda su red ecológica.

Dieta cambiante, rol cambiante: del sur vegetariano al norte carnívoro

Una de las aportaciones más reveladoras del estudio es el análisis de la dieta del oso según su localización geográfica. En zonas más cálidas como la Cordillera Cantábrica, Turquía o Grecia, el oso pardo consume sobre todo frutos y vegetales. En regiones frías como Escandinavia y Finlandia, su dieta es predominantemente carnívora.

Este hallazgo modifica por completo la forma en la que se debe enfocar su conservación: el oso pardo no tiene un único perfil ecológico, sino que adapta su rol —herbívoro o depredador apical— en función del entorno. De ahí que cualquier alteración en su ecosistema —por el cambio climático o el uso del suelo— pueda alterar radicalmente su comportamiento y su viabilidad.

Un nuevo modelo de predicción basado en la ecología real

Frente a los modelos tradicionales que consideraban solo factores abióticos como el clima o la orografía, este nuevo enfoque introduce factores bióticos como las interacciones tróficas, ofreciendo una herramienta predictiva mucho más precisa.

Pedro Álvarez Álvarez, catedrático de Biología en la Universidad de Oviedo, destaca que este enfoque «mejora la precisión de las proyecciones en contextos de cambio global» y permite anticipar con más fiabilidad dónde podrá vivir el oso pardo en el futuro. No se trata solo de espacio, sino de energía: los osos seguirán las rutas de sus fuentes alimenticias.

Ciencia al servicio de la conservación

La incorporación de este tipo de análisis al diseño de estrategias como LIFE Osos con Futuro supone una evolución imprescindible en la forma de conservar especies en peligro. Alejandra Zarzo-Arias, investigadora del MNCN-CSIC, destaca que «el enfoque más realista ha permitido mejorar significativamente las predicciones, algo crucial para una especie en recuperación que aún se enfrenta a muchas amenazas».

Es este nivel de detalle el que permite tomar decisiones informadas: dónde plantar, qué conservar, cómo restaurar, y con qué actores colaborar para hacerlo posible. Porque si algo ha demostrado el éxito del oso pardo en España es que la conservación no es una teoría, sino una práctica colaborativa.

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