Estados Unidos ‘coloniza’ la Catedral de León
Este año los 323.000 visitantes han dejado 1,8 millones de euros, con los que el templo paga el mantenimiento y pequeñas restauraciones

La entrada que pagan los visitantes a la Catedral sirve para sufragar el mantenimiento del templo y algunas restauraciones.
Mientras Trump no ha dejado de atacar a la «decadente» Europa, nunca León ha recibido tantos turistas estadounidenses. Son la «primera potencia» en número de visitantes extranjeros en la Catedral de León, seguidos por alemanes, franceses e italianos. La lista, que incluye 90 nacionalidades, la cierrán Irán, Tanzania y Bielorrusia, de los que solo se contabilizó un visitante de cada uno de estos tres país.
El turismo sigue siendo crucial para mantener el templo gótico. La Catedral vive, en parte, de su belleza y de la generosidad de quienes pagan por contemplarla. Abrir cada día la Pulchra supone más de 1.600 euros. Un goteo constante de facturas: limpieza, personal, ropa de trabajo, agua, teléfonos, seguros o electricidad —eso sí, la iluminación exterior la asume el Ayuntamiento—. La mayor partida se la lleva la plantilla: diecisiete personas trabajan actualmente en el templo leonés. En total, mantener el monumento asciende a 600.000 euros al año.
En esta cuantía no entran los grandes trabajos de restauración que periódicamente exige un edificio con ocho siglos de antigüedad; únicamente, pequeñas «chapuzas» o reparar una o dos vidrieras al año.
Hasta noviembre, 323.644 personas han cruzado las puertas de la Catedral leonesa, dejando en las arcas del Cabildo una recaudación de 1.837.000 euros. Las cifras son similares a las de 2024. La catedral de Santiago de Compostela recibió el año pasado 427.000 visitas y 400.000 la de Burgos, pero todas están a años luz de los 4,8 millones que desfilaron por la de Gaudí, la Sagrada Familia de Barcelona.
Según las cuentas del Cabildo, el verano trajo un descenso en las visitas durante agosto y septiembre respecto al año anterior. Suponen que la ola de incendios que devastó la provincia disuadió a muchos turistas, que esquivaron León por la contaminación atmosférica y el humo. En cambio, en noviembre ha habido un repunte esperanzador: 550 visitantes más que en el mismo mes de 2024.
El Cabildo empezó a cobrar entrada en 2013: 5 euros por persona. En 2016 subió a 6; y ahora la entrada individual cuesta 7 euros —6 euros, para grupos, jubilados y estudiantes; y 5 euros el acceso al museo—. Los martes por la tarde, de 17.30 a 19.00 horas, se puede ver la Catedral sin pasar por taquilla. Los leoneses pueden adquirir por diez euros una tarjeta de ‘socio’ para visitar el templo las veces que deseen a lo largo del año.
Los mecenas
En los últimos años, las entradas se han convertido en la principal vía para financiar restauraciones en el templo, salvo excepciones como el rosetón central, sufragado por la Fundación Cepa, o la reciente rehabilitación del trascoro, una obra maestra que ha recuperado su esplendor gracias al Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE), dependiente del Ministerio de Cultura. Una Virgen y un calvario que ingresaron en el Museo de la Catedral de León cuando se creó, en 1947, llevan desde entonces en «lista de espera» para una intervención. En septiembre, el IPCE, tras sacar de las tinieblas el trascoro, se llevó ambas piezas a Madrid para su rehabilitación.
El año pasado la Junta decidía trasladar trece «joyas de papel» de la Catedral al Centro de Restauración de Simancas. Entre ellas, la Donación del Rey Silo, el pergamino más antiguo del Reino de León; y la Nodicia de Kesos, del año 959, uno de los primeros testimonios de la lengua romance. El plan es ir restaurando las principales joyas bibliográficas del archivo catedralicio, que supera los 200 códices, quince siglos de historia en más de 50.000 fondos.
La taquilla ha permitido restaurar un promedio de dos vidrieras cada año. Intervenir en cada metro cuadrado cuesta más de 5.000 euros. Hay que tener en cuenta que no solo se restañan las heridas de los cristales, sino la piedra que los enmarca. La Junta, que inicialmente era uno de los mecenas del Sueño de la luz, como se denominó el plan para salvar todas las vidrieras de la Catedral, se retiró hace años, pero acaba de anunciar once millones de euros para los próximos años, destinados a los vitrales que aún no se han tocado, así como para la restauración integral del pórtico occidental.