Huellas humanas en Atapuerca
Un estudio identifica capas vinculadas a periodos de aridez y humedad y otras con restos de hollín
Los investigadores siguen trabajando en los diferentes espacios del yacimiento.
Las láminas negras presentes en las estalagmitas de Atapuerca (Burgos) permiten obtener información sobre cambios climáticos y episodios de presencia humana en las cuevas durante la Prehistoria. Así lo concluye un estudio liderado por la investigadora del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA) Virginia Martínez Pillado, con participación del director científico del Museo de la Evolución Humana, Juan Luis Arsuaga, que analizó estas capas oscuras como registros de periodos de aridez, lluvias intensas y actividad humana.
El trabajo, publicado en Journal of Quaternary Science, estudió las láminas negras de cuatro estalagmitas procedentes de las galerías de las Estatuas y del Silo, dentro del sistema kárstico de Cueva Mayor. Los investigadores combinaron dataciones radiométricas, análisis petrográficos y geoquímicos, microscopía electrónica y tomografía computarizada para determinar su origen. Esta metodología permitió identificar cuatro tipos de láminas negras y diferenciar las relacionadas con procesos naturales de aquellas que conservan evidencias de actividad humana.
Parte de las capas analizadas en Atapuerca presenta evidencias de disolución y erosión de la calcita asociadas a periodos en los que el crecimiento de las estalagmitas se ralentizó o se detuvo. Posteriormente, el agua transportó hasta el interior de la cueva minerales, arcillas y materia orgánica procedentes del suelo y del exterior, que quedaron incorporados a las estalagmitas.
Los investigadores relacionaron algunas de estas láminas con periodos relativamente áridos y con interrupciones prolongadas del crecimiento, mientras que otras correspondieron a condiciones de elevada humedad y mayor infiltración de agua. Estas capas aportan así información complementaria para reconstruir los cambios en las precipitaciones y en la disponibilidad de agua. Sin embargo, el estudio determinó que no todas las láminas negras tienen un origen climático. Algunas contienen pequeñas partículas de hollín y fragmentos de carbón vegetal cuyas características microscópicas apuntan a procesos de combustión en el interior de la cueva. En el contexto de Cueva Mayor, los investigadores interpretaron estos restos como resultado de fuegos encendidos por grupos humanos. Las capas se corresponden con fases de ocupación durante el Neolítico y la Edad del Bronce.