Las campanas de los pueblos de León tenían un lenguaje propio: hasta permitían saber si había muerto un hombre o una mujer

Los toques tradicionales de campana funcionaron durante siglos como un sistema de comunicación en los pueblos de León

Las campanas tocan para frenar las lluvias y las tormentas. Fervudo y comida de hermandad. Participación de los vecinos.ángelopez ÁNGELOPEZ ángelopez

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Mucho antes de los teléfonos, los grupos de WhatsApp y las redes sociales, una noticia podía recorrer un pueblo de León a través del campanario. Bastaba escuchar con atención. El ritmo, el número de golpes y la forma de hacer sonar las campanas transmitían mensajes que los vecinos conocían y podían interpretar desde sus casas o mientras trabajaban en el campo.

Las campanas avisaban de fiestas, incendios, tormentas, reuniones y acontecimientos religiosos. También comunicaban una de las noticias que más alteraban la vida de una pequeña comunidad: la muerte de uno de sus vecinos.

El mensaje podía aportar incluso un dato adicional. El antropólogo leonés José Luis Alonso Ponga, especialista en patrimonio cultural y tradiciones populares, recuerda el sistema utilizado en pueblos de León: tres señales indicaban la muerte de un hombre y dos la de una mujer.

El propio BOE reconoce esta función al describir el toque manual de campanas como un auténtico «lenguaje sonoro» que durante siglos permitió informar, coordinar y organizar la vida de las comunidades. En los ritos vinculados a la muerte, los toques podían comunicar incluso el sexo, la edad o la posición social de la persona fallecida.

Las campanas de Fresno de la Vega repicaron durante horas la noche del 31 de enero como manda la tradición.VIRGINIA MORÁN

Las campanas de los pueblos de León distinguían entre la muerte de un hombre y una mujer

José Luis Alonso Ponga contó una anécdota que permite comprender hasta qué punto este código formaba parte de la cultura popular.

Durante el inventario de campanas realizado en Los Oteros en 1997, un joven de Jabares de los Oteros le explicó como una peculiaridad de su localidad que, cuando fallecía un hombre, las campanas sonaban tres veces, mientras la muerte de una mujer se anunciaba con dos.

La respuesta del antropólogo resume la extensión de aquella costumbre: «En tu pueblo y en todos».

Ponga interpreta además esa diferencia como un reflejo de la estructura social de la época. El hombre recibía una señal adicional frente a la mujer, una desigualdad que trasladaba al campanario la jerarquía existente en la sociedad tradicional y en determinados usos religiosos.

Yugo de campanas.dl

El sistema aparece también documentado en estudios sobre el patrimonio sonoro. La bibliografía especializada recoge los tres toques para el varón y dos para la mujer dentro de la tradición leonesa.

Las campanas de León podían contar mucho más que una muerte

Conocer el sexo del difunto representa solo una pequeña parte de aquel lenguaje. Cada pueblo conservaba un repertorio de sonidos relacionado con su vida cotidiana.

El BOE describe los toques de campana como un sistema que organizaba el tiempo laboral, festivo, religioso y de duelo. Los diferentes ritmos podían anunciar incendios, tormentas, rogativas, celebraciones y acontecimientos vinculados al ciclo vital de los vecinos.

En León aparece uno de los ejemplos más curiosos: el «tente nube», un toque relacionado con la protección frente a tormentas y pedriscos. La documentación oficial del Ministerio de Cultura cita de forma expresa la tradición de Villabalter, donde este toque se conserva ligado a la festividad de Santa Brígida.

Las campanas de Fresno de la Vega repicaron durante horas la noche del 31 de enero como manda la tradición.VIRGINIA MORÁN

También existían la alborada para anunciar el amanecer, los toques de fiesta, el Ángelus, la oración, las rogativas y el toque a fuego o rebato ante una emergencia. Cada combinación aportaba información y el oído acostumbrado de los vecinos hacía el resto.

El lenguaje de las campanas de León también cambiaba cuando moría un niño

La edad de la persona fallecida podía modificar por completo el sonido.

La documentación etnográfica leonesa recoge un toque específico cuando fallecía un niño. Frente al sonido solemne asociado a la muerte de un adulto, las campanas podían adquirir otro ritmo vinculado a la creencia religiosa de que el pequeño llegaba al cielo.

El campanero leonés Pedro Delgado recordaba incluso las palabras que los vecinos asociaban al sonido: «Din, dan, dan, din, al cielo vas».

La Fundación Joaquín Díaz también documenta en León esta diferencia entre los fallecimientos de adultos y niños. En algunas parroquias, el toque permitía distinguir entre hombre y mujer, mientras la muerte de un pequeño contaba con una señal propia.

De esta forma, escuchar el campanario permitía conocer parte de lo sucedido antes de que la noticia llegara de boca en boca.

El valor de estos toques resulta más fácil de comprender al imaginar la vida rural anterior a los actuales sistemas de comunicación.

Las campanas podían escucharse desde campos, caminos y viviendas alejadas de la iglesia. Su alcance permitía transmitir un mismo mensaje a buena parte de la población en pocos segundos.

El Real Decreto 296/2019, que declaró el toque manual de campana Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial, define esta tradición como un lenguaje que cumplía cuatro grandes funciones: informar, coordinar, delimitar el territorio y proteger a la comunidad.

El sonido también marcaba las horas de trabajo, oración, descanso y celebración. De este modo, el campanario funcionaba como reloj, sistema de alerta y medio de comunicación colectivo.

La variedad era enorme. El Ministerio de Cultura señala que en España perviven más de treinta modos diferentes de toque manual, con técnicas y repertorios vinculados a cada territorio.

Los toques de campana de León forman parte de un patrimonio reconocido por la UNESCO

Esta tradición adquirió una protección internacional en 2022, cuando la UNESCO inscribió el toque manual de campanas español en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

La declaración reconoce justo aquello que durante generaciones ocurrió en los pueblos: los tañidos constituían mensajes codificados que la comunidad sabía interpretar. La técnica del campanero, el ritmo y las propias características de cada campana creaban un repertorio asociado a la identidad local.

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Buena parte de aquel vocabulario sonoro perdió presencia durante la segunda mitad del siglo XX. La despoblación rural, los cambios sociales y la desaparición progresiva de campaneros redujeron la transmisión de estos conocimientos. La investigación etnográfica sobre León recoge cómo numerosos toques sobreviven ahora de forma testimonial en algunas localidades.