Diario de León

Las «sebes» que rodean los prados de León están desapareciendo y son mucho más que simples setos

Estas barreras de vegetación viva han modelado durante generaciones el paisaje leonés y detrás de su apariencia cotidiana esconden una forma tradicional de ordenar y aprovechar el campo

Paraje con sebes en Fasgar, en la Reserva de la Biosfera Valles de Omaña y Luna

Paraje con sebes en Fasgar, en la Reserva de la Biosfera Valles de Omaña y LunaRBVOyL

Patricia de la Torre
Publicado por

Creado:

Actualizado:

Quien haya recorrido las carreteras secundarias de León las habrá visto cientos de veces. Atraviesan los prados, dibujan los límites entre parcelas y, vistas desde lejos, forman largas líneas verdes que parecen surgir de manera espontánea. Detrás de ese paisaje cotidiano existe una construcción rural con nombre propio: la sebe.

Estas barreras de vegetación viva acompañaron durante generaciones a agricultores y ganaderos. Su función partía de una necesidad práctica, separar terrenos y proteger determinadas parcelas, aunque con el tiempo terminaron creando pequeños espacios donde conviven árboles, arbustos y fauna. Lo que desde la carretera puede parecer un simple seto constituye así una pieza característica del paisaje cultural leonés.

Árboles, zarzas, espinos y ramas entretejidas forman estas estructuras, que según la zona reciben también nombres como cierros, subiaos o cerraduras. Su presencia resulta tan familiar que buena parte de su valor pasa desapercibido. Las sebes cuentan también cómo se organizaba el territorio, qué materiales ofrecía cada entorno y de qué manera las comunidades rurales aprovechaban la propia vegetación para levantar sus cerramientos.

Las sebes de León son cerramientos construidos con vegetación viva

Su función original resulta sencilla de comprender. Antes de que otros sistemas de cerramiento se extendieran por el campo, los habitantes del medio rural aprovechaban los materiales disponibles alrededor de sus terrenos para marcar los límites de prados y huertas.

Una sebe tradicional podía levantarse mediante estacas de madera acompañadas de ramas flexibles, zarzas y diferentes especies de árboles y arbustos. En la montaña del Porma, por ejemplo, está documentado el uso de estacas colocadas en el suelo y vegetación entrelazada para crear una barrera capaz de delimitar el terreno.

El paso de los años transformaba aquella estructura creada por las personas. La vegetación continuaba creciendo, las raíces se asentaban y el cerramiento terminaba integrado en el entorno hasta convertirse en parte del propio paisaje.

Su importancia alcanzó también las normas de los concejos leoneses. El biólogo y divulgador Víctor Casas, autor de 'Sebes. Los paisajes culturales leoneses', ha documentado disposiciones relacionadas con su mantenimiento y poda, una muestra del papel que estos cerramientos ocuparon dentro de la organización cotidiana de los pueblos.

Víctor Casas del Corral, autor de 'Sebes, los paisajes culturales leoneses'. MIGUEL F. B.

Víctor Casas del Corral, autor de 'Sebes, los paisajes culturales leoneses'. MIGUEL F. B.

Las sebes de León esconden vida entre dos prados

Con el crecimiento de árboles y arbustos, el límite entre dos propiedades adquiere otra función. Entre sus ramas encuentran alimento y refugio aves, pequeños mamíferos e insectos polinizadores, mientras estas franjas de vegetación favorecen la conexión entre diferentes espacios naturales.

Su papel alcanza también al terreno que las rodea. Las fuentes que han estudiado estos paisajes destacan su contribución frente a la erosión, su relación con la regulación del agua y su capacidad para favorecer la biodiversidad. El cerramiento de una parcela se convierte así en una pequeña franja de vida dentro del paisaje agrícola y ganadero.

Durante generaciones ofrecieron además recursos ligados a la vida diaria. De ellas podían obtenerse frutos, sombra, combustible y materiales empleados en trabajos tradicionales como la cestería. Una estructura concebida para separar dos prados terminaba cumpliendo varias funciones dentro de la economía doméstica y ganadera.

Ese valor puede apreciarse todavía en diferentes puntos de la provincia. En las vegas del río Torío, por ejemplo, documentos ambientales describen los prados y cultivos separados por sebes como un mosaico vegetal de elevado valor paisajístico, cultural y ecológico. En lugares como Fasgar o Abelgas de Luna, estas líneas de vegetación continúan dibujando sobre el terreno una imagen vinculada durante décadas al campo leonés.

Las sebes protegían al ganado

Las sebes protegían al ganadoRAMIRO

Las sebes de León guardan un conocimiento transmitido entre generaciones

Mantener una sebe requiere conocer la vegetación, controlar su crecimiento y saber intervenir sobre ella para que continúe cumpliendo su función. Durante décadas, esas tareas formaron parte de los conocimientos ligados al trabajo diario de agricultores y ganaderos.

Los cambios experimentados por el campo han transformado ese escenario. Las concentraciones parcelarias modificaron la estructura de numerosas explotaciones, mientras el abandono de tierras y la pérdida de población redujeron las labores tradicionales vinculadas al cuidado de estos cerramientos.

Con cada sebe que pierde su función también se debilita parte de ese conocimiento rural: la elección de los materiales, la colocación de las estacas, el entrelazado de las ramas o las labores de poda necesarias para conservar la estructura. El paisaje guarda así la huella de una técnica desarrollada a partir de la observación del entorno y transmitida entre generaciones.

La preocupación por su futuro ha alcanzado durante 2026 el debate autonómico. Las Cortes de Castilla y León abordaron una iniciativa relacionada con su conservación que planteaba, entre otras medidas, elaborar un inventario de las sebes tradicionales de la provincia e identificar aquellas con mayor valor ambiental, paisajístico y etnográfico.

El debate pone de relieve el cambio en la forma de contemplar estas estructuras. Aquello que durante generaciones tuvo ante todo una utilidad cotidiana adquiere ahora también interés como patrimonio natural y cultural.

Vista de varios pastos en Abelgas de Luna en los que se puede ver las tradicionales sebes.

Vista de varios pastos en Abelgas de Luna en los que se puede ver las tradicionales sebes.dl

Las sebes de León forman parte de un paisaje que también cuenta su historia

Su progresiva desaparición cambia algo más que la imagen de los prados. Las líneas de árboles, espinos y ramas que separaban una finca de otra guardan también una forma de entender, ordenar y trabajar el territorio.

Lo que durante mucho tiempo fue una solución práctica del campo leonés se contempla ahora también como una pieza de su patrimonio. Perder una sebe significa perder bastante más que un seto.

tracking