Diario de León
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León

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Estoy rodeado de Elenas, ese nombre mítico y sugerente que se acerca a la realidad y la ficción como caras de una misma moneda. Una de ellas, mi hija, me llama para decirme que otra, la escritora, acaba de ser reconocida con el Premio de Castilla y León de las Letras. Y como la edad permite las licencias del cariño, pues a uno se le puso el corazón de fiesta. Porque, además de los amores del entorno, la literatura, que ayuda a vivir en tantas ocasiones, ha alargado los afectos hasta otras geografías, otras historias, otros libros y hacia los autores que ponen en ellos vida. Y amistad, que es más importante, y hace así que no sea éste «un rincón del mundo tan cerrado, tan parado en una esquina del mapa», con palabras que la propia Elena Santiago dejó escritas en esa maravillosa novela cuyo título es ya tan lírico, Asomada al invierno. Precisamente la presentación de esta novela, pocas fechas antes de las fiestas navideñas, fue la culpable de nuestro último encuentro. Y con ese cariño que tiene en la palabra y el gesto, me habló, como siempre, de las cosas más cercanas y de sus proyectos. Elena Santiago siempre tiene proyectos. Es una soñadora. Sólo así se entiende que detrás de la mirada literaria que abarca, observa y detalla se esconda, o se añada, ese intimismo tan personal, tan suyo, tan delicadamente definitivo y propio. Aunque, como todos, muchas veces nos asomemos al invierno, esa metáfora de las interioridades, de las desnudeces, de las pérdidas de rumbo, de las desorientaciones y las dudas, como la jovencita Gela que sueña mundos desde la Costa de la Muerte, tan castigada ahora. Personajes y situaciones, magistralmente definidas en buena parte de sus cuentos y novelas, me hicieron recrear, como una película rebobinada en el recuerdo, muchas de sus obras. Pero es una recreación de urgencia. Y lo que se necesita es el reposo, la lentitud del vino compartido, la lectura renovada de tantas páginas hermosas. Y, por qué no, la palabra hecha amistad. Se lo quería decir ayer a Elena Santiago, a la Elena sencilla y amiga llegada desde el mundo del papel y la ficción. Pero, claro, entrevistas y compromisos le robaron todo el tiempo del mundo. No era para menos. Pero queda dicho. Un beso y la enhorabuena que te obliga a seguir soñando. Es el compromiso que, Elena Santiago, tienes con todos tus muchos lectores y con todos cuantos te queremos.

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