Catástrofe climática en gran pantalla
La superproducción de Ronald Emerich, «El día de mañana», llega a la gran pantalla acompañada de un drama, una comedia y una cinta de animación
El cine catastrófico, un género que arrasó en la década de los setenta con títulos como El coloso en llamas , Terremoto o La aventura del Poseidón, vuelve a lucir con todo su esplendor en la gran pantalla por obra y gracia de Roland Emmerich, autor de las espectaculares, aunque mediocres, Independence Day y Godzilla , en la superproducción El día de mañana. Tras revivir al mítico monstruo japonés e idear una invasión extraterrestre repelida por Will Smith a puñetazo limpio, todavía produce sonrojo recordar esa secuencia, el realizador alemán, que se tomó un respiro de cuatro años tras el estrepitoso fracaso de El patriota, vuelve por sus fueros con una historia que promete grandes dosis de emoción y espectacularidad visual. El progresivo calentamiento del planeta es la causa de un desastre natural sin precedentes que amenaza la supervivencia de la raza humana; unos copos de nieve cayendo sobre Nueva Delhi serán el primer aviso de una devastación climatológica que sume al hemisferio norte del planeta en un inesperado proceso de glaciación. Al igual que en cintas similares, El día de mañana alterna en su metraje el retrato psicológico de los personajes, y las circunstancias que les rodean, con espectaculares escenas que constituyen el principal reclamo del film. Los tornados que asolan la ciudad de Los Angeles, la gigantesca ola que barre, literalmente, Nueva York, aludes, tormentas y movimientos sísmicos, son algunos de los elementos que pueblan el metraje de una trepidante cinta de acción protagonizada por Dennis Quaid, Jake Gyllenhaal, Ian Holm y Sela Ward. El drama nos llega con El precio de la verdad, una realización del debutante Billy Ray que pone en imágenes la historia de Stephen Glass, el periodista norteamericano que mantuvo engañados a los directores de un periódico publicando durante años reportajes falsos. Hayden Christensen ha dejado a un lado los ropajes con los que da vida a Annakin Skywalker, en la trilogía Star Wars, para protagonizar una cinta en la que intervienen algunos de los mejores actores de su generación; Peter Sarsgaard, Chloë Sevigny o Rosario Dwason. También a esa generación pertenece la inefable Drew Barrymore, que tras encandilar al mundo protagonizando ET con cinco años, sumergirse en un infierno de sexo, alcohol y drogas, antes cumplir los quince, y reciclarse en heroína de acción (Los Angeles de Charlie), se ha revelado como una eficaz actriz cómica. Tras verla al lado de Ben Stiller en Duplex, ahora la vemos emparejada con Adam Sandler, un auténtico ídolo en la tierra de George Bush, en la comedia romántica 50 primeras citas. El elemento cómico reside en la pérdida de memoria de la protagonista, víctima de unos ataques de amnesia que borran de su memoria el pasado inmediato. Los intentos por conquistarla serán por lo tanto múltiples y variados, ya que mira a su enamorado como si siempre fuera la primera vez. Ante estos alardes de ingenio por parte de los guionistas hollywoodienses se hace necesario celebrar el estreno, en una sala comercial dicho sea de paso, de la cinta de animación Glup!; una realización de Iñigo Berasategui y Aitor Arregui que fue finalista en los premios Goya en el apartado de Mejor Película de Animación. Una historia fantástica que transcurre en un animado basurero.