Haydn llenó la Catedral
Extraordinario concierto de apertura del Festival de Órgano con la Sinfónica de Galicia y las voces de Lola Casariego y Ruth Rosique a las órdenes de López Banzo
Como es ya habitual cada vez que el Festival de Órgano abre sus puertas el público responde como una sola persona y hace largas colas ante la Pulcra para asistir una vez más a la ceremonia del inicio de la temporada musical leonesa que desde hace veinte años ha marcado este evento otoñal. El pasado viernes este aserto volvió a hacerse realidad al poder escuchar a una de las mejores orquestas del panorama nacional como es la Orquesta de Cámara de la Sinfónica de Galicia, esta vez a las órdenes de uno de los mejores directores y clavecinistas del momento como es el aragonés Eduardo López Banzo. Asiduo visitante de este festival con el que le unen raíces de tiempo y cariño, Banzo es siempre un director serio y riguroso, nada amigo de ostentaciones ni de gestos efectistas, su manera de exponer las obras que elige es siempre clara y transparente como quedó demostrado una vez más en el extraordinario concierto que ofrecieron junto a la soprano Ruth Rosique y la mezzosoprano Lola Casariego, dos voces privilegiadas para una obra totalmente desconocida de un compositor coetáneo de Haydn y que además fue maestro de capilla de la Catedral leonesa. Un dato y un descubrimiento a agradecer al director del Festival Samuel Rubio que está dando en estos momento los últimos retoques a la catalogación de los fondos del archivo musical de la Catedral para su inminente publicación. Tras la habituales palabras de apertura del director del festival invitando a todos a seguir día a día el evento y a disfrutar de la música que en él se hace, se inició el concierto con la Sinfonía nº 49 La Pasión de Haydn, en la que Banzo buceó hasta encontrar los recursos más expresivos, sin apresuramientos, para hacer llegar al oyente los pasajes misteriosos, como los del inicio del Adagio, lleno de bruscos cambios dinámicos, que introdujo, después de un allegro di molto , saltarín e insulso, a un minueto desgarrado en el que las trompas y los oboes toman un especial protagonismo. La Sinfónica gallega supo entender esta suerte de gradaciones dinámicas y de ritmo para brindar una soberbia lectura de una obra poco ejecutada y de gran calidad armónica. Las siete palabras de Cristo en la Cruz del maestro de capilla de la Catedral de León Francisco Javier García, «el españoleto», tiene muchas similitudes en la forma y ritmo del Stabat Mater de Pergolessi siendo aquella una obra menor, pero no por ello exenta de hermosura y lirismo contenido que tuvo en las bien timbradas voces de Lola Casariego y Ruth Rosique, su mejor vehículo de expresión. La cristalina y afinada voz de Ruth, contrastó y empastó perfectamente en los dúos con los de la exquisita Lola Casariego, cuyo registro grave le permite, sin sobresaltos, incursionar en las zonas más oscuras de la voz con perfecta dicción y afinación gracias a un fiato generoso de técnica cuidada y vocalidad limpia. Su partichela la cantó con ese gusto y refinamiento que le es tan característico a la mezo asturiana. La manera de decir y de expresar de la soprano gaditana Ruht Rosique fue una total sorpresa para mi, ya que pocas veces he tenido la suerte de escuchar una voz tan bien delineada, tan sugerente y expresiva, sin perdida de color en los pasajes más comprometidos, como la de esta joven cantante que sin duda dará mucho que hablar en muy breve tiempo. Fue sencillamente prodigiosa. Concluyó la velada con otra obra maestra de Haydn la sinfonía nº 44 Fúnebre que al contrario de lo que su nombre puede sugerir fue mucho más alegre de lo esperado. Brillantemente ejecutada por la orquesta gallega, toda ella fue un cúmulo de aciertos y de cuidados matices que llevaron a plasmar una excelente interpretación. Inmejorable concierto inaugural.