Siempre es un placer

Amancio Prada volvió una vez más a seducir al público leonés
Con los versos de Rosalía o de Lorca, con los de San Juan de la Cruz o García Calvo. Con los de Mestre o los de él mismo, siempre es un placer reencontrarse con la presencia y la voz de Amancio Prada. En el frío y a la vez intimista invierno, o en las cálidas noches de verano su voz atraviesa espacio y tiempo y desafía todo cambio climático. En claustros, iglesias y conventos, plazas abiertas o auditorios herméticos: él siempre tiene la llave escondida en la rueda infinita de la zanfona o el desgarrado lamento de la guitarra; en una melodía que hace saltar aldabas y hace chirriar de envidia las pesadas batientes de puertas cerradas por los siglos. Anoche regresó a casa Amancio Prada recreando con Juan Carlos Mestre un paisaje emocional del Bierzo y el Auditorio de León se vistió de gala para recibir a sus dos poetas que acompañados por la exquisita chelista Sacha Crisán, fundieron su voces, su acordeón y su guitarra en un continuo tejer y destejer de poemas y armonías. Nos volvieron a invitar a hacer el camino con ellos, con sus versos, ya nuestros; a emboscarnos y a aprender sus nombres y sus canciones para quien con ellos va. Siempre es un placer compartir la intimidad de la noche y experimentar ese escalofrío en el alma que nos recuerda que aún somos vulnerables a la belleza y al dolor, a la sabiduría popular, al plácido morir de cada día y al esperanzador amanecer de nuevos sueños. Siempre es un placer el reencuentro con Amancio Prada, con el poeta amigo que tañe con dulzura las cuerdas de nuestra memoria, confiriendo ineluctabilidad a cada momento de nuestra existencia. Voz y acordeón, guitarra y chelo se imbricaron para deambular por los estratos del lirismo más depurado, evocando al destino, suplicando al amor o huyendo a la muerte. La sobrecogedora voz de Mestre, insufló majestuosidad y misticismo a su Bergidum-Valle del alba mientras la frescura de la voz de Amancio se ciñó como un guante a estos versos que son como un cantar y decir, como un soplo de vida a la letra impresa, transformándola en llama encendida que todo lo consume para al instante volver a renacer. A las muchas ovaciones y muestras de cariño, él respondió con una mirada clara y húmeda, de cierta ausencia. Y siguieron silencios de guitarra. Noche mágica, ahíta de una voz privilegiada que nos incita a la reflexión porque ella es la verdadera poesía.