Diario de León

EXTRACTO ENTREVISTA | JUAN ANTONIO FRAGO, CATEDRÁTICO DE HISTORIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA Y AMERICANISTA

Ínsulas y canonicatos «Avellaneda fue Jerónimo de Pasamonte»

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m. l. | madrid
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«...Divididos estaban caballeros y escuderos, éstos contándose sus vidas, y aquéllos sus amores; pero la historia cuetna primero el razonamiento de los mozos y luego prosigue el de los amos, y así, dice que, apartándose un poco de ellos, el del Bosque le dijo a Sancho: -Trabajosa vida es la que pasamos y vivimos, señor mío, estos que somos escuderos de caballeros andantes: en verdad que comemos el pan con el sudor de nuestros rostros, que es una de las maldiciones que echó Dios a nuestros primeros padres. -También se puede decir -añadió Sancho que lo comemos con el hielo de nuestros cuerpos; porque ¿quién más calor y más frío que los miserables escuderos de la andante caballería? Y aun menos mal si comiéramos, pues los duelos, con pan son menos; pero alguna vez hay que se nos pasa un día y dos sin desayunarnos, si no es del viento que sopla. -Todo eso se puede llevar y conllevar -dijo el del Bosque-, con la esperanza que tenemos del premio; porque si no es demasiado desgraciado el caballero andante a quien un escudero sirve, por lo menos, a pocos lances se verá premiado con un hermoso gobierno de alguna ínsula, o con un condado de buen parecer. Yo -replicó Sancho- ya le he dicho a mi amo que me contento con el gobierno de alguna ínsula; y él es tan noble y tan liberal, que me le ha prometido muchas y diversas veces. Yo -dijo el del Bosque-, con un canonicato quedaré satisfecho de mis servicios, y ya me le tiene mandado mi amo, y ¡qué tal! -Debe de ser -dijo Sancho- su amo de vuesa merced caballero a lo eclesiástico, y podrá hacer esas mercedes a sus buenos escuderos; pero el mío es meramente lego, aunque yo me acuerdo de cuando le querían aconsejar personas discretas, aunque, a mi parecer mal intencionadas, que procurase ser arzobispo...». El soldado aragonés Jerónimo de Pasamonte, ridiculizado en la primera parte del Quijote como Ginés de Pasamonte, es el autor del Quijote apócrifo aparecido en 1614 y quien se refugia bajo el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda. Lo sostiene «con total seguridad» Juan Antonio Frago (Magallón, 1940), catedrático de Historia de la Lengua Española en Zaragoza. Frago documenta su tesis en un trabajo de años que fructifica en el ensayo El Quijote apócrifo y Pasamonte (Gredos). Según Frago, sin el apócrifo no existiría la segunda parte del Quijote. -Quién es el autor del Quijote apócrifo? -Jerónimo de Pasamonte, natural de Ibdes, soldado aragonés que estuvo en Lepanto en 1571 y representado en el capítulo XXII de la primera parte del Quijote de Cervantes por el galeote Ginés de Pasamonte, líder ruin y vil de una cadena de presos. Retomo una tesis de Martín de Riquer, que ya sospechó que este Ginés era el soldado aragonés. Escribió un libro al respecto hace veinte años, pero sin pruebas definitivas y sin convencer a muchos cervantistas. -¿Qué aporta? -Datos que Riquer no manejó y pruebas que me permiten afirmar con absoluta seguridad que Avellaneda era Jerónimo de Pasamonte. No albergo dudas. Estoy convencido de que lo es. -¿Qué pruebas hay? -De muy distinta índole. Parto del análisis lingüístico de Avellaneda y de la autobiografía de Jerónimo de Pasamonte cuando era soldado en Nápoles, que se conserva allí. Ningún lingüista había abordado este análisis, que quedó en manos de literatos, que no manejan las misma claves. Este estudio demuestra, sin género de dudas, que quien se oculta bajo el seudónimo de Avellaneda es aragonés y que hay muchísimos puntos de contacto e identidades entre la lengua del Avellaneda y la de Vida y trabajos de Jerónimo de Pasamonte. -¿Más argumentos? -Sí. En un capítulo del Avellanada, el del melonar de Ateca, nada más llegar Don Quijote y Sancho a tierras de Aragón, un melonero morisco derriba a don Quijote y, ayudado por otros moriscos, roba sus monturas a caballero y escudero. Es un capítulo central y he descubierto que refiere un suceso histórico ocurrido en la Edad Media en el valle del Jalón. Pasamonte, que era de la zona, se limitó a darle rasgos novelescos. -Sin el acicate de Avellenada, ¿quizá Miguel de Cervantes no habría escrito la segunda parte de El Quijote? -Seguramente. La escribió impulsado por el despecho. Al menos aceleró su conclusión. Lo han dicho varios cervantistas y tenemos la prueba en lo deslavazado de muchos pasajes, resueltos con premura. Está claro que Cervantes, que murió meses después de escribir la segunda parte, tenía prisa.

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