OPINIÓN
Hola, soy el tenor
LOS AUDITORIOS hace tiempo que contemplan en sus actividades convocar ruedas de prensa para presentar a los artistas que actúan; una costumbre que por lo general suele ser un arma de doble filo pues la mayoría de las veces, especialmente si son cantantes de ópera y músicos, no tienen el tirón de un cantante pop o un actor conocido y los medios no suelen enviar a sus especialistas, porque, sencillamente, no conocen al personaje al que se van a enfrentar y prefieren hacer el seguimiento de forma más general. Pero hay otras, como es el caso del tenor mexicano que nos visita, Ramón Vargas, Plácido Domingo o Pavarotti que son artistas superconocidos dentro y fuera de España y no necesitan especiales referencias para saber que cada vez que abren la boca son noticia y que escucharlos y entrevistarlos es un placer y un privilegio. Por eso el que el Auditorio Ciudad de León convoque una rueda de prensa para presentar a los medios a un invitado de la categoría de Ramón Vargas es un deferencia loable, pero que luego nadie se responsabilice de hacerlo y lo dejen sólo sentado en una mesa sin unas sencillas palabras de introducción es, cuando menos un acto falto de elegancia y cortesía hacia quien es su invitado, sea quien sea. «Hola, soy el tenor». Así se autopresentó ayer Vargas en la más absoluta soledad ante los medios. ¿Dónde estaban el concejal de Cultura y el gerente del Auditorio? ¿Para qué una jefa de protocolo que no sabe o no quiere presentar al invitado? ¿Es esta la famosa hospitalidad leonesa? Lo que sí es cierto es que se puede ir escribiendo ya un decálogo de cómo hundir un Auditorio que comenzó hace tres años largos con ilusión, con ansias de futuro y con prestigio y en poco tiempo lo están destrozando entre todos los que lo gobiernan, lo mangonean y lo teledirigen como foro de intrigas personales, desavenencias y envidias. ¿En manos de quién tenemos hipotecada nuestra cultura?. Ustedes mismos.