| Crítica | Música |
Una crítica indigna
Llevo 21 años de actividad concertística ininterrumpida, he recibido críticas de todos los colores y he leído infinidad de ellas, también de todos los colores, pero nunca he encontrado una tan zafia, descarnada y repleta de prejuicios como la publicada en este diario el pasado 18 de junio bajo el título Y después ¿qué? y firmada por Miguel Ángel Nepomuceno. Debo anticipar que en esta vida se acepta casi todo, y viniendo de la crítica más aún, pero el mal gusto y menoscabo de la dignidad se soportan mal, y aquí me tienen ustedes rompiendo un mandamiento sagrado de la práctica musical: no contestarás a un crítico. Sencillamente, no podemos digerir que se diga que hacemos «bazofia envuelta en risas», cuando en la elaboración de nuestros diez programas familiares han intervenido, por amor al arte, guionistas, compositores (algunos de gran relevancia) ilustradores, informáticos y músicos, y todos merecen, al menos, la crítica digna. Pero se aceptan aún peor razonamientos como éste: «Cansados estamos de ver por televisión programas similares a éste, donde los niños se convierten por unas horas en estúpidos espectadores-partícipes, que sólo están allí porque les hacen gracia las sandeces que hacen y dicen los que ganan millones sobre un escenario a cuenta de la estulticia contagiosa que tratan de inculcar en nuestros hijos». Según esto, los que estábamos en el escenario somos unos estúpidos, estultos que decimos sandeces; pero el autor no se atreve a mencionar el grado de aceptación del público (cuantificable por el nivel de aplausos), porque eso le llevaría a afirmar lo que sugiere: el público es también estúpido, y si alguien lo duda que vuelva a leer el párrafo. Es evidente la falta de elegancia del autor. Recomiendo, si están interesados, que visiten nuestra web: www.ocnalon.com. Aprovecho la ocasión para agradecer el cariño con que nos ha acogido el público leonés; también recomiendo que sigan disfrutando de la música y de la vida sin cartabón y escuadra, continuarán siendo felices. (*) Director de la Orquesta de Cámara del Nalón