La otra orilla del mar
LA NATURALEZA muerta sirve como género pictórico para la representación de seres inanimados tanto vegetales como animales. Centrar la representación artística en temáticas tan concretas constriñe las posibilidades de apertura imaginativa y de creación individual de los artistas. Sin embargo, desarrollar una única temática permite multiplicar los enfoques y los matices expresivos y el trabajo del color, y exige al pintor ofrecer nuevos puntos de vista sobre un mismo tema. El mar ha sido tema de inspiración no sólo para pintores, sino también para poetas y escritores. El novelista británico Joseph Conrad se embarca joven como marinero. Recorre el mundo en varios barcos mercantes e incluso ingresa en la Marina Real. Fascinado por la literatura, se retira a escribir y publica novelas donde los personajes buscan siempre el ideal moral, tienen una pincelada heroica y se topan con las limitaciones de la condición humana. Las aventuras se desarrollan en el entorno de la vida marinera y es el mar el telón de fondo, el enorme soporte azul para construir sus historias y sobre el que hace reposar sus retratos de lo humano. Muchos pintores alcanzan en sus escenas marineras la más alta definición de sus paletas. El artista valenciano Joaquín Sorolla, en sus escenas de costumbrismo marinero, en los temas de playa, contrasta de manera ejemplar los blancos con falsos blancos, varios azules con los ocres. La temática es un pretexto para colocar su pintura, a través del color, en la frontera del expresionismo. Será en la representación del mar, en sus reflejos, donde aflore la vivencia personal, interiorizada de su relación con todos los matices de color que puede ofrecer esa inmensidad azul. Al fondo, se le mojan las manitas a una niña, se la ve feliz. Un pescador deja su caña sobre la arena para volver a colocar el cebo. Cientos de gaviotas revolotean sobre un barco en el horizonte mientras, incansable, el mar inunda mi pie izquierdo. Inflo fuerte los pulmones y un olor único y embriagador me desborda. Nada, ninguna experiencia estética producida por cualquier obra artística puede ser equiparable, ni puede reproducir estos instantes de belleza extrema, de sensaciones plenas. Quizás, a partir de aquí, sólo vivenciando esto, puede intentar una pluma o un pincel sublimarse. Detrás siempre está el mar y lo que de él vive en cada uno.