INTERFERENCIAS
Corre, corre...
DE VEZ en cuando, los comentaristas (de televisión, por ejemplo¿) hemos de convertirnos en aguafiestas moralizantes, que no todo son críticas, loas o reflexiones al vuelo de la actualidad catódica. Ayer, La Primera y Tele 5 nos dieron la mañana con motor a tope, sinónimo de velocidad endiablada. A un lado el GP de Alemania de motociclismo y al otro, el GP de Hungría de automovilismo. En competencia y para satisfacción de gasolineros varios, que son barbaridad a juzgar por las cifras (Tele 5 superó la semana pasada los cuatro millones). De hecho, con la alonsomanía de Fernando Alonso, llevamos meses con audiencias galácticas. En motos, pinta peor, desinflado el globo Gibernau. A lo que vamos, tanta pasión por las ruedas (perdón, por la velocidad), lleva a muchos a creerse unos Alonsos al volante de su coche. La foto del tarado saltándose los límites con una pierna en la ventanilla, que Tráfico mostró para ilustrar lo dañado que algunos tienen el cerebro, a saber si serán lodos provenientes de aquellos barros. Los psicólogos sostienen que todo se pega, y váyase a saber si tanta televisión de velocidad acaba reflejándose en la carretera. No se puede generalizar, por supuesto, pero el dato objetivo es que son millares los kgandoleshes por el asfalto y seguro que entre las causas, están las motos y los bólidos que saca la tele.