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Jugando con la luz
La artista de Valderas Begoña Pérez Rivera presenta en la galería Ármaga sus variaciones sobre la línea en tres dimensiones; un juego conseguidas a través de la utilización versátil de la luz negra

La artista Begoña Pérez Rivera en una de las salas de Ármaga
Begoña Pérez Rivera expone en la galería de arte Ármaga, unas pinturas en las que muestra su enorme interés por la investigación pictórica, por la innovación. La pintora trabaja sobre telas que ya tienen tramas de líneas en su estructura, líneas que ella de encarga de intervenir al pegarlas sobre bastidores de madera y de reinterpretar a través de otras líneas que pinta sobre ellas con pinturas de varias clases, opacas, fluorescentes y fosforescentes que, vistas a través de la magia de la luz negra, convierten en tres las dimensiones de sus cuadros bidimensionales. La historia como pintora de Begoña, que nació en Valderas, viene de lejos, de cuando tenía diez años y vivía con su familia en la villa berciana de Cacabelos. «Entonces -dice- hicieron un concurso de dibujo para los niños, yo tenía 10 años, sobre un certamen de halterofilia que se realizaba. Dibujé el movimiento de un levantador de pesas y conseguí el segundo premio entre más de un centenar de participantes. Llegué a casa muy contenta y me madre me dio un gran disgusto al decirme que, seguramente, más que por mis méritos, el premio me lo habían dado porque mi padre trabajaba en una entidad financiera que lo patrocinaba. Lo pasé muy mal y decidí hacer un gran esfuerzo para convertirme en pintora... lo que con el tiempo he conseguido». Begoña Pérez Rivera, una vez que terminó la carrera de Bellas Artes, dejó de pintar durante tres años, «Pensaba -asegura- que la tierra se contaminaba con todos los productos que se empleaban para hacer grabado o para pintar. Además a mí n o me gusta la competición, y pensaba que ya había bastantes artistas en un mundo demasiado competitivo. Pero luego, dándole vueltas al asunto, me di cuenta que la pintura había sido siempre mi mayor ilusión y volví a los pinceles». Y a su regreso comenzó a jugar con las líneas, « que son uno de los elementos más sencillos. Intenté proporcionar a la línea otro valor, dejándola ser infinita pero cortándola en los bordes de mis cuadros. Quero dejar claro que esas líneas continúan pero que a mí solamente me interesan en ese momento de su trayecto sobre el plano.» En cuanto al efecto tridimensional que logra en sus obras, explica: «Creo que soy también un poco escultora, por eso pinto sobre bastidores que tienen profundidad. Pero, además, me di cuenta de que trabajando con distintas pinturas y gracias a la luz, a la energía, podía conseguir que esas líneas que transitan por mis obras cobrarán una nueva dimensión, que vivieran en distintos planos. Por ello empleo la luz negra para iluminar mis lienzos, que vistos en la semioscuridad presentan unos efectos sorprendentes». Begoña presenta en Ármaga una propuesta original y absolutamente personal, una interesante muestra de cómo la línea, sin más complicaciones, puede convertirse en todo un laberinto de belleza en tres dimensiones. Lugar: Alfonso V, 6 Horario: De 12.00 a 14.00 y de 18.00 a 20.00 horas de lunes a sábado.