INTERFERENCIAS
Desmesura
QUE SOMOS país de extremos, lo confirma la historia, para bien y para mal¿ Ayer casi todos se llamaban Alonso, ya en la cumbre de la Fórmula 1, deporte de élite (¿o fabuloso negocio?), con su primer campeonato a los veinte y pocos. Como es lógico, Telecinco rentabilizó hábilmente la expectación y logró lo esperado, más de siete millones con el GP de Brasil. Era su objetivo y enhorabuena. La popularidad del asturiano y lo que ahora llaman alonsomanía , se debe en parte al martilleo de la privada, que apostó por los coches y se asegura buenos réditos futuros, que temporalmente decrecerán con las restantes carreras de esta edición. Una desmesura. La imagen de Alonso se apropió de todas las teles, portada incluida, que bien se lo merece. Es para alegrarse. Pero da grima esa facilidad para dejarse atrapar por la coyuntura con la coartada de que un deportista motiva a la juventud. Algo de verdad hay, aunque debería caminarse con mayor prudencia sobre los de-portes al límite. Alonso, como Pedrosa en motos, juegan con la velocidad. Da pánico encontrarse ante un fenómeno como Operación Triunfo y sus derivados más cutres (léase Gran Hermano y derivados), con miles de chavales aspirando a la fama sobre el asfalto. Mal asunto porque los circuitos más accesibles son las carreteras...