SIN MANDO
Si es gratis, no es infantil
CONTABA ayer un compañero que su hijo de ocho años, ante la amenaza de sus padres de darse de baja de la televisión de pago, les dijo muy convencido: «Haced lo que queráis, pero si no tengo los canales por cable sólo voy a ver sexo en la tele». Tanta rotundidad dejó con la boca de un palmo al matrimonio. Mientras un niño con tele por cable (o digital, ya me entienden) se pasma con las andanzas de Raven, La banda del patio o Phil del futuro, el chaval que carece de decodificador se debe conformar con Los Lunnis y, si ya cumplió los dos años, con Shin Chan (culo e insultos a su madre incluidos). Para un niño como el de la anécdota, con sus ocho años ya soplados, la variedad es mayor: telenovelas para que las chicas sepan que salir adelante implica seducir al más poderoso; o series y películas en las que se exhiben cuerpos de mujeres esqueléticas que sólo valen por su envoltorio, mientras que los hombres están tan crispados que o matan o duermen (y no precisamente solos). Comprenderán que los padres cambiasen en un segundo de opinión y llamasen a su operador para hacerse con el abono de dos años, con la esperanza de que su hijo siga pensando que la silicona es eso con que se sellan los cristales de las ventanas; y la amistad y el respeto a la diferencia son preceptos inamovibles.