Diario de León

«Mis caderas tampoco mienten»

Miles de personas de todas las edades hicieron ayer cimbrear sus «capiteles» en un concierto que supo a poco y que prendió la mecha de las fiestas de San Juan y San Pedro

Las seguidoras de la reina de Barranquilla observan con admiración a su ídolo

Las seguidoras de la reina de Barranquilla observan con admiración a su ídolo

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Crstina Fanjul - león
León

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«Ni con Lenny Kravitz, ni con B.B King ni, por supuesto, con Bob Dylan se produjeron las concentraciones a las puertas del coliseo leonés que ayer se contemplaron. Incluso hubo discusiones a las puertas, cuando algunas fans de Valladolid se preguntaron porqué había sido León la ciudad elegida para el concierto de la colombiana. «Ya podía haber venido a Valladolid, que es la capital de Castilla y León», decía una de las incansables fanáticas. «Mejor que vaya a tocar a tu casa», le contestaba entredientes un chico que esperaba de manera resignada. Fue un concierto heterogéneo. Jóvenes y no tan jóvenes -había muchos padres que acudieron con sus hijos con más paciencia que Job- españoles de medio país y paisanos de la artista, todos esperaron de manera paciente a que terminaran los teloneros para corear las canciones de la colombiana. El tiempo ayudó más de lo esperado. Tras casi siete días de nubes amenazantes, el de ayer fue un día caracterizado por el buen tiempo y la calma. No hubo que echar de menos la plataforma que corona el León Arena, con lo cual, los asistentes al concierto pudieron olvidarse también de su acústica. Eran muchos los que ayer recordaban aliviados la escasa calidad de sonido que presta a conciertos de este tipo la capota de la plaza de toros. El propio B.B. King lo expresó así hace ahora dos años, en uno de los conciertos más emocionantes de cuantos se recuerdan en León. Ni a él ni a Lucille pareció gustarles. «Nuestras caderas tampoco mienten», coreaba un grupo de quiceañeras ¿o eran más pequeñas? que llevaban casi desde por la mañana esperando a las puertas del Antonio Amilivia. Hips don't lie fue el colofón de una noche en la que la artista colombiana demostró porqué a Barranquilla se le aconoce como la puerta de oro de Colombia. La artista, que aparecio en el escenario con un atuendo al gusto hiphopero, en negro y, al menos eso parecía, sin maquillar, convirtió el recinto en una fiesta caribeña, en la que fue desgajando las canciones de su último cedé con las que le hicieron famosa. A las diez de la noche ya casi no quedaba nadie a las puertas del estadio de fútbol, que por primera vez adquirió la categoría de gran coliseo y se adaptó de manera magistral a la vibración del cuerpo de Shakira. Las 20.000 personas que abarrotaban el campo para asistir a uno de los conciertos de la gira Fijación Oral fueron recibidas por la artista con un «Buenas noches León» y la canción Estoy aquí , uno de los temas de su último trabajo. El bar fue una de las zonas más concurridas de todo el estadio y la cerveza la bebida más solicitada.

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