La vida cotidiana y las relaciones entre el monarca y la Iglesia centraron las ponencias de ayer
«'Hay un rey nuevo que reina sobre un pueblo nuevo', decían los musulmanes»
José Ignacio Ruiz de la Peña abrió una nueva jornada del congreso sobre el Reino de León <
Doce ponencias de altura ante un público atento y muy numeroso convirtieron ayer a la capital leonesa en el punto de mira de la comunidad medievalista internacional: la jornada sirvió para abrir, tras la conferencia inaugural del miércoles, el congreso Monarquía y Sociedad en el Reino de León. De Alfonso III a Alfonso VII , que organizan y patrocinan la Fundación Monteleón, la Obra Social de Caja España y el Obispado legionense. El catedrático de la Universidad de Oviedo José Ignacio Ruiz de la Peña abrió la ronda de intervenciones hablando de las raíces del reino asturleonés y de las relaciones de poder constatadas en ese ámbito. Desde los tiempos de la «rebelión pelagiana » al legado de Alfonso III, Ruiz hizo hincapié en la «clara intención ideológica y política» que se desprende de los textos astures, donde se busca hacer de este reino la «continuación» del reino visigodo de Toledo. Justificación de la legitimidad real que junto a la existencia de un pueblo entendido como «comunidad de súbditos», un territorio -creciente- y una definición católica en la que será vital la advocación compostelana definen esta estructura política y social primero germinal, luego cada vez más estable y compleja. Algo que ya percibieron los musulmanes de aquel tiempo. Porque, según Ruiz, un historiador musulmán calificó a Pelayo como «rey nuevo, que reina sobre un pueblo nuevo». La idea reivindicativa de reinstaurar el ordo gothorum , de reinar sobre toda la Península, al principio ausente del imaginario regio, luego ya plenamente presente, se hace patente en un documento de Alfonso III en el que reclama el convertirse en «Hispaniae Rex». El estamento eclesiástico A continuación, Fernando López Alsina, catedrático de la Universidad de Santiago, centró su ponencia en los Reyes y obispos del reino leonés, que sirvió sobre todo para poner de relieve el preponderante papel del rey, por ejemplo, «en el establecimiento del lugar de residencia de los obispos», «en el nombramiento de los mismos» y «en la convocatoria y presidencia de concilios», aunque, andando el tiempo, también constató su influencia menor coincidiendo con el creciente poder del papado en los territorios del reino. Y así, habló de un rey «ungido», de un rey con un cariz «semisacerdotal» que decide qué ciudades se convierten en sedes episcopales y cuáles no; y de un León que era cabeza de esa potestad (el propio obispo de Toledo tiene que venir a León para ser ordenado). Por su parte, Jorge Marqués, catedrático de la Universidad de Oporto, analizó con precisión un tema muy específico, las Relaciones de la metrópoli de Braga con la monarquía y la jerarquía hispanas , relación pacífica y normal al comienzo, «que más tarde se deterioraría» tanto con los reyes como con otros obispos. Bajo el título de Reyes y nobleza , el catedrático Pascual Martínez Sopena se detuvo a reflejar la gran importancia que tenían los magnates, «garantes y paladines del reino» y los círculos de poderosos que rodeaban al monarca. El rey llegaba así a «conceder esposas» y a «casar nobles». Amigos, tutores, vasallos y hasta concubinas completaban un paisanaje que se regía por el lema «el buen servicio exige recompensa», lo cual también servía, al contrario, para el castigo y la ira. A su vez, José Ángel García de Cortázar, catedrático de la Universidad de Santander, resaltó cómo los reyes leoneses sólo mantuvieron contactos por carta con la décima parte de todos los monasterios del reino, aprximadamente 1.600. «Era una vida de trabajo duro, obsesionada por ampliar los cultivos, por roturar nuevas tierras» JOSÉ RAMÓN MORALA Catedrático de Filología