| Reportaje | Los guardianes de piedra |
El molde del diablo...
Los maestros encargados de la gran restauración llevada a cabo en la Catedral en el siglo XIX dejaron moldes de las gárgolas que construyeron. Las del siglo XIII destruidas no tienen «copia»

Molde de una de las gárgolas del siglo XIX
Han pasado prácticamente desaparcibidas, aunque las gárgolas son inspiradoras de una estética que ha dado en denominarse, nada menos, que gótica. Sin la atmósfera de estos seres demoníacos y bestias fantasmagóricas, el jorobado de Notre-Dame de Víctor Hugo no habría sido un auténtico filón para el cine. Sin embargo, los estudiosos de la Catedral de León las han mantenido en el olvido. Nadie se ha tomado la molestia de contarlas. Ni el Cabildo ni los expertos consultados por este periódico se han atrevido a dar una cifra. Lo cierto es que el templo conserva o, más bien, conservaba -tras la «muerte» de dos de ellas- una buena representación de las que salieron de las manos de los primeros maestros de la Catedral. Son tan antiguas como el mismo templo. Se distinguen con facilidad del resto. Lo cierto es que se trata de piezas únicas e irrepetibles. Ni siquiera hay una igual a otra. Representan animales demoníacos, con la misma estética que iluminó cientos de códices medievales. Un bestiario valiosísimo que, sólo ahora, con la pérdida de dos gárgolas, algunas instituciones parecen apreciar. Hay decenas de ellas, con una doble misión: estética y de evacuación de aguas. Son los vigías de un templo que, a tenor de los hechos, parece no tener otros guardianes. Las hay que superan el metro de longitud y los cincuenta kilos de peso. Muchas se fueron reponiendo con el discurrir de los siglos. La magna restauración llevada a cabo en el siglo XIX, que evitó el desmoronamiento de la Catedral, sí se ocupó de estos «bichos». Los maestros escultores que las ejecutaron con maestría, inspirándose en muchas de las que coronan la catedral de Notre Dame, tuvieron el acierto de conservar los moldes de escayola que utilizaron para realizarlas, preservados ahora en la Catedral, y que pudieron contemplarse durante la exposicíón El sueño de la razón, que se celebró hace cinco años en Botines con motivo, precisamente, del centenario de aquella reahabilitación llevada a cabo entre 1859 y 1901. Sería conveniente, a falta de moldes, que la Junta se preocupara por hacer un detallado «álbum» fotográfico de las que aún quedan; por si, en el futuro, hay que recurrir a estas imágenes para poder reproducirlas.