Adiós a un símbolo

Detalle de los destrozos que sufrió la «Vieja negrilla»
Puede que ahora resucite convertida en bronce, algo que muchos hemos pedido al Ayuntamiento en numerosas ocasiones, pero hoy por hoy, de la Vieja negrilla de Amancio solamente queda una leve huella sobre las piedras de las acera de Santo Domingo, sobre el lugar donde vivió durante sus diez años de existencia. Un loco centauro mecánico acabó con ella la pasada madrugada. Sus restos se los llevó un enorme camión hacia un ignorado almacén municipal. El escultor vio impotente cómo uno de sus hijos predilectos acabó su periplo vital de la peor manera posible. «No acabo de creerlo -decía Amancio mientras el sol otoñal intentaba aparecer sobre la torre de San Marcelo-». «Me parece imposible mirar a la plaza y no ver mi escultura. Nunca pensé que pudiera sentirme tan mal ante un suceso como este». La Vieja negrilla cumpliría diez años esta Navidad. Fue instalada en la plaza de Santo Domingo de modo provisional, para que los leoneses la conocieran antes de ser situada en Trobajo del Cerecedo. Pero el tiempo pasó y se hizo imprescindible. Los leoneses ya no podían concebir este espacio urbano sin el melancólico gigante, y allí se quedó para siempre¿ bueno hasta el accidente que acabó con él. La gran escultura estaba realizada en materiales que no soportaban las pequeñas agresiones que cada día recibía y por ello desde muchas instancias se pidió a los munícipes que la fundieran en bronce, porque el monumento se había convertido por derecho propio en uno de los símbolos de la capital. Una y otra vez el Ayuntamiento alegó la falta de dinero, sin que ello no impidiera que en todos estos años se fundieran en nobles metales otras obras de bastante menos trascendencia. «Puede que sí -comentaba el autor- puede que ahora, ante este desastre, se decidan a convertirla en bronce. Para mí sería una alegría tan grande como la pena que ahora siento». Por lo pronto los niños ya no se podrán subir a los hombros del gigante, ni los turistas asombrarse ante su sugerente presencia, la furia de la velocidad acabó con uno de los símbolos de la capital, esperemos que ante el traumático suceso quien corresponda ponga los medios necesarios para su resurrección, la Vieja negrilla y su autor se lo merecen.