Diario de León

CAPÍTULO 6

La catedral gótica de León

El deseo de recuperar la imagen de urbe regia, tras unificarse Castilla y León en 1230, fue uno de los motivos que llevaron a los promotores de la catedral a implicarse en un gran proyecto

Interior de la nave hacia los pies del templo

Interior de la nave hacia los pies del templo

Publicado por
Mª Victoria Herráez - catedrática de la universidad de león
León

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El edificio catedralicio que se levantaba en torno al año 1200 fue pronto sustituido por uno nuevo, acorde a la estética gótica que se había desarrollado en el dominio real francés. Sin duda, el deseo de recuperar la imagen de urbe regia, ensombrecida desde la unificación de Castilla y León en 1230, fue una de las motivaciones que llevaron a los promotores de la catedral leonesa a implicarse en una gran empresa constructiva, similar a las que se desarrollaban en la capital política (Burgos) y en la capital religiosa (Toledo) del nuevo reino castellano-leonés. No tenemos noticias sobre el comienzo de las obras y son muy escasos los datos documentales relativos al desarrollo de los trabajos. La primera referencia directa data del episcopado de Martín Rodríguez «el Zamorano» (1238-1242), quien, dos años después de acceder a la sede leonesa, suscribió un acuerdo con el cabildo por el cual cada una de las partes se comprometía a colaborar con mil maravedís anuales en la fábrica de la iglesia. Tres años más tarde, en 1243, el Papa concedió al obispo Nuño Álvarez ( 1242-1252) el disfrute de una serie de rentas « para la obra de la fábrica de la iglesia legionense », pero en 1247 se las traspasó al rey Fernando III con el fin de ayudarle en la campaña de Reconquista, concretamente en la toma de Sevilla. La falta de medios económicos y los conflictos del cabildo leonés, acentuados por largos periodos de sede vacante, se tradujeron en un periodo de inactividad constructiva que finalizó con la llegada de Martín Fernández a la silla episcopal (1254-1289). La capacidad gestora y organizativa del nuevo prelado, apoyada en su amistad con el rey Alfonso X, le permitió llevar a cabo la construcción del templo, de manera que en 1260 ya había culto en el altar mayor y hacia 1285 el edificio estaba finalizado en sus aspectos esenciales. La realización de un proyecto de tal magnitud no hubiera sido posible si el obispo no hubiera recabado la colaboración de distintas instancias. En este sentido, la ayuda de la Santa Sede parece la partida de mayor cuantía; se materializó fundamentalmente en la concesión de determinadas rentas (Alejandro IV en 1255 reintegró a la diócesis las tercias de las iglesias rurales con la finalidad de continuar la construcción del templo leonés «ad consumationem ipsius fabrice ») y de indulgencias a los fieles que visitasen Santa María de Regla en determinadas festividades. También los obispos reunidos en los concilios de Madrid (1258) y Lyon (1274), decidieron conceder indulgencias a quienes ayudasen a la « suntuosa fabrica leonesa ». El apoyo incondicional del rey Sabio se materializó, desde el punto de vista económico, en la aportación de 500 maravedís anuales destinados a dotar dos capellanías en sendas capillas de la girola dedicadas a Santiago y San Clemente, así como en la exención de impuestos a algunos obreros de Santa María. Otros documentos informan sobre la activa participación del cabildo, con la puesta en valor de las reliquias de San Froilán -en cuyo honor se instituyeron procesiones-, la donación de objetos para los altares y mandas testamentarias dirigidas a la Obra. Por último, también se reseñan dádivas de los fieles, aunque generalmente son de pequeña cuantía. La catedral de León deriva en su conjunto de la arquitectura gótica francesa. La planta repite el trazado de la catedral de Reims, por lo que se considera que el autor del proyecto debió haberse formado en la región francesa de Champaña. El alzado constituye un ejemplo del gótico radiante que se desarrolló en el país vecino durante el reinado de San Luis y que alcanzó su máxima expresión en la Sainte-Chapelle de París; es el momento en el que la arquitectura consiguió reproducir de manera más exacta la mística de la luz y la imagen de la Jerusalén Celeste transmitida por el Apocalipsis. En este sentido, la catedral de León es la única iglesia hispana en la que la arquitectura ha sido reducida al esqueleto estructural y los muros de piedra han sido totalmente sustituidos por pantallas vítreas. Sobre la identidad de los maestros que trazaron el proyecto y dirigieron los trabajos de la catedral gótica quedan aún bastantes dudas por resolver. Únicamente conocemos a un tal Simón, documentado en 1261; a maestro Enrique, que trabajaba al mismo tiempo en la catedral de Burgos y murió en 1277, y a Juan Pérez, canónigo leonés que estaba al cargo de la obra en las últimas décadas del siglo, pero es difícil concretar el alcance de la participación de cada uno de ellos. A partir de 1300 los esfuerzos realizados por los patrocinadores de la sede leonesa se dirigieron fundamentalmente a la reforma del claustro. No es extraño, pues, que en 1303 el obispo don Gonzalo Osorio afirmara que « la obra está en bon estado, merced a Dios » y que esa fecha se haya tomado como referencia para situar la finalización del templo. Los obradores de la catedral, poco activos durante el siglo XIV, recobraron un ritmo frenético a mediados de la centuria siguiente. Hacia 1440 comienza a advertirse en la documentación el interés del cabildo por acometer distintas obras de remate y crear espacios adaptados a las nuevas necesidades litúrgicas, de gobierno, custodia y protección del tesoro y a la formación intelectual de los clérigos. La necesidad de dinero para poder llevarlas a cabo se reflejó en uno de los acuerdos del concilio de Basilea (1439), en el que los obispos allí reunidos decidieron de nuevo conceder indulgencias a quienes aportaron bienes a la fábrica leonesa. La actividad constructiva se reinició con la designación como obispo de León de don Pedro Cabeza de Vaca (1440-1459). Jusquín, arquitecto y escultor de posible origen holandés, desempeñó el cargo de maestro mayor de la catedral entre 1445 y 1468. Remató la fachada Norte con un piñón en el que figuran los escudos de Juan II, del obispo Cabeza de Vaca y del papa Eugenio IV; reforzó la torre-contrafuerte denominada « Silla de la Reina » con dos pantallas en las que trató de conjugar valores constructivos y ornamentales y completó la correspondiente del Norte, la « Limona », con un cuerpo de escalera y un remate de crestería calada en el lateral visible desde el claustro. Desde 1458 dirigió la construcción de los cuerpos superiores de la Torre Sur, conocida como Torre del Reloj. Entre 1487 y 1491 Alfonso Ramos construyó la sacristía, a la que se accede desde la capilla de la girola dedicada a Santiago y San Clemente, y remató la Torre del Reloj. El último gran maestro gótico de la sede legionense fue Juan de Badajoz el Viejo. Durante el episcopado de don Alfonso de Valdivieso (1485-1500), hombre ilustrado y humanista que legó su biblioteca a la catedral, se tomó la decisión de construir en el lado Norte de la iglesia una Librería, que sería utilizada como archivo y biblioteca antes de convertirse en capilla de Santiago. Aún cuando el proyecto inicial no fue trazado por el arquitecto, su nombre aparece vinculado a las obras en 1499, momento en el que solicita un replanteamiento de la construcción. Esta estancia y la Puerta del Cardo, abierta hacia 1515 por el mismo maestro con el fin de agilizar la comunicación entre el presbiterio y la sacristía, constituyen el epílogo de la fábrica gótica de la catedral.

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