OPINIÓN
Un hombre contra el silencio
EL HOMBRE que hace ahora justo siete años -también era noviembre- esperaba en un incómodo banco de madera del pasillo de un feo edificio del centro de Madrid a que un funcionario pronunciara su nombre no era aún Premio Cervantes. Ese día ni siquiera era poeta. Era el abuelo de una nieta recién recuperada, el padre de un hijo asesinado, el suegro de una nuera desaparecida. Era otro argentino que había sufrido en sus carnes, pero sobre todo en la carne de sus seres más queridos, los crímenes de las Juntas Militares que señorearon su país entre 1976 y 1983. Así conocí a Juan Gelman. En la segunda planta de la Audiencia Nacional. Esperando, como un testigo más, su turno para declarar en el Juzgado de Baltasar Garzón. Nos contó cómo tardó trece años en encontrar los restos de su hijo, asesinado después de ser secuestrado por los militares argentinos en 1976, y cómo su nuera Claudia -hija de españoles- fue trasladada al centro clandestino de detención Automotores Orletti cuando tenía 19 años y estaba embarazada. Nos contó cómo desde allí, y cuando sólo faltaba un mes para que diera a luz, Claudia fue llevaba a una cárcel clandestina de Montevideo y conducida a un hospital militar, donde nació su nieta. Y nos contó cómo Claudia fue asesinada por militares uruguayos a finales de diciembre de 1976, y cómo la niña fue depositada «en una canastilla» a las puertas de la casa de un policía y su mujer, que se convirtieron en sus padres. Tuvo que pedir al presidente uruguayo, Julio María Sanguinetti, que hiciera las gestiones necesarias para localizarla. «¿Y cómo es su nieta?», preguntó alguien; y Gelman contestó: «una muchacha valiente, que quiso enfrentar la historia de su vida».