Diario de León

La mirada de los otros

El artista Amancio González realiza una escultura que recordará en Carrocera a los muertos de la guerra civil y que se convertirá en un símbolo de la crueldad humana

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Cristina Fanjul - león
León

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«Con esta obra quería demostrar que una muerte no sólo acaba con la vida del reo; quería reflejar hasta qué punto la existencia del asesino también queda truncada». Amancio González realiza estos días una escultura sobre la represión acaecida durante la guerra civil. La obra, que se colocará en Carrocera, llevará por nombre Hito de la memoria y ha sido encargada por la Asociación de estudios de la Represión en León (Aerle). El lugar donde se colocará es una de las zonas donde el plomo frenaba las cuerdas de presos republicanos. No obstante, el artista destaca que su objetivo ha sido el de evitar el cainismo. «No me interesa tanto mostrar quién mató a quién cuanto hasta qué punto este comportamiento humano puede volver a repetirse», explica. De esta manera, la escultura de Amancio será, antes que una venganza, una vindicación de la vida, mucho más allá de consignas políticas y por encima de bandos enfrentados. «Por eso, cuando mires de frente la escultura no verás el rostro de la víctima, sino los cráneos de los muertos mirando al asesino», precisa. El artista se queda así a medio camino entre el realismo y la alegoría, en un intento por traspasar el hecho político y subrayar hasta qué punto cualquier persona concita siempre cientos de historias, muchas de las cuales se vieron amputadas por la guerra. La carrera de Amancio González ha ido creciendo de manera tan silenciosa como los personajes que pueblan su universo creador. «Cuando me enfrento a una piedra siempre pienso que algunas de ellas tienen miles de años detrás y me preocupa que el mensaje que quiero transmitir perdure con ella. Una moda se olvida, pero el arte permanece», reflexiona. «Cada vez me interesa más profundizar en la esencia del ser humano y cómo expresar esa humanidad a través de las formas escultóricas; una conexión que no siempre se logra», lamenta. Seres aislados Y es que la creación de Amancio González ya no necesita recurrir a ejemplos ajenos para explicarse. Ya no requiere traducción. Ajeno a las modas, la reflexión artística de Amancio ha ido aventurándose a través de las grandes incognitas del hombre. Tal vez por eso sus esculturas siempre presentan al hombre desnudo, en un mundo deshabitado, con el único acompañamiento de peanas, de aristas afiladas, siempre al borde del abismo, un hombre condenado a mirar lo que le espera desde la brevedad de una esquina. Como los gigantes asirios, los personajes de Amancio podrían parecer héroes protectores. Sin embargo, una mirada más pausada te enfrenta a seres incómodamente humanos, solos ante la incertidumbre, mortalidad sometida a la aparente eternidad del bronce. Y solos, como si con ello el artista dejara una puerta abierta al encuentro. Tal vez de manera inconsciente, Amancio quiere que nosotros seamos «los otros», con lo que el infierno se convierte en una elección personal y cada uno encuentra en estos rostros borrados los rasgos de su propio propósito. Las esculturas de Amancio se convierten así en espejos a través de los que el artista deja paso a la experiencia del espectador, demostrando con ello que, como decía Francis Bacon, la creación no es sino recuerdo y toda novedad no es más que olvido.

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