Muchachada
Ha vuelto a la parrilla de La 2 Muchachada nui , ese espacio de humor con el que la cadena pretende enganchar a un público joven. Es verdad que el de Muchachada nui es un humor esencialmente generacional, sólo apto para gente nacida después de una determinada fecha. Eso lo pudimos comprobar en su primer pase y el segundo dio posibilidad de confirmarlo. Por esos azares de la vida, tuve la oportunidad de ver este retorno de Muchachada nui junto a una damisela de veintitrés años. Creo que nunca me había sentido tan viejo. Todo lo que a mí me dejaba frío como un iceberg, a ella le inspiraba un entusiasmo sin límites. Gansadas que a mí sólo me producían una indiferencia pétrea, en ella despertaban un torrente de carcajadas. Los chistes que ella subrayaba como inteligentes, a mí me parecían profundamente estólidos. Las imitaciones que a mí se me hacían insostenibles, ella las encontraba geniales. Mi acompañante me miraba de vez en cuando, constataba la impavidez de mi rostro y decía, como disculpándose: «Sí, es verdad que son bastante zafios, sí». Quizá con ello pretendía dar con la clave de mi mutismo. Pero no, no: lo que a mí me desagradaba de las evoluciones de esos chicos no era que fueran zafios -que, efectivamente, lo son-, sino mi incapacidad para encontrarle la menor gracia al circo. El mayor abismo generacional se abrió con el gag que intentaba ser una parodia del cineasta americano Quentin Tarantino. Yo veía aquello y pensaba: «qué mal maquillado está, lo mismo podría ser Francis Lorenzo; vaya memez de guión, parece una parodia de Esteso cuando hacía de paleto; qué poco ingenio, están repitiendo la misma idea una y otra vez». Pero mientras yo pensaba eso, ella decía: «A mí lo que más me gusta es cómo se maquillan: es que clavan al personaje. Y qué guión, que bien retrata al tío; qué ingenioso, es que no dejan rasgo sin caricaturizar». Es evidente que algo grave ocurre. Si alguien abre la boca ante un auditorio, y uno escucha «blanco» y otro oye «negro», entonces es que el mundo se ha puesto cabeza abajo. Por supuesto, Muchachada nui quería decir exactamente lo que mi joven y hermosa acompañante entendía; ambos estaban hablando el mismo idioma. La pregunta es: entonces, ¿por qué a mí me parecía una jerga incomprensible, un lamentable borborigmo? Yo me he reído mucho con un amplio abanico de humoristas que abarca medio siglo de risas, desde Gila hasta Tricicle pasando por Tip y Coll, Martes y Trece y Faemino y Cansado. Su lenguaje me resultaba perfectamente comprensible; a mí, a mis padres y a mis abuelos, y se lo sigue pareciendo a mis hijos. ¿Por qué el de Muchachada nui sólo lo pueden entender los chicos Logse? Aquí hay algún hilo que se ha roto.