Diario de León
Publicado por
JOSÉ JAVIER ESPARZA
León

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PROBLEMA importante en House , esta semana. Ha ingresado en el hospital una mujer, judía, que el día de su boda ha sufrido un desvanecimiento. Pronto el equipo clínico se topa con inesperados obstáculos: la paciente y su marido, ambos judíos ortodoxos (no sé si ultraortodoxos), quieren que el tratamiento se adecue a sus exigencias religiosas. A partir de ahí, el episodio se convierte en una sucesión de juicios no siempre amables hacia los judíos. Por razones que no es fácil entender, y que quizá tengan que ver con el modo de vida del personaje, House pasar por ser un héroe progre, lo cual le da bula para decir ciertas cosas y expresarse en términos que, en otra boca, parecerían gravemente ofensivos. Por ejemplo, ese grito para detener la camilla que transportaba a la paciente: «Paren a esa judía». La connotación humorística reside en la equiparación con el lenguaje que las películas atribuyen a los guardianes de los campos de concentración (sólo le faltó añadir «achtung!»), pero, aún así, es un rasgo de humor muy negro. Con todo, la nuez del asunto no estaba tanto en la confesión judía de los protagonistas como en la contradicción que planteaba el guión entre fe y razón. En efecto, los guionistas se cuidaron muy mucho de mostrar un cuadro simplemente antisemita: la paciente es judía y su marido es judío, y ambos ofrecen argumentos de tipo religioso para oponerse a las pretensiones de los médicos; pero entre éstos aparecen también judíos, de manera que la oposición deriva más bien hacia el conflicto entre ortodoxos y modernos, un asunto que a la opinión pública española puede pillarle muy lejos, pero que en Estados Unidos es bastante común. Ese conflicto ortodoxos/modernos se puede leer como un conflicto mucho más genérico razón/fe, es decir, hasta dónde puede una convicción religiosa -y por tanto, se sobreentiende, irracional- impedir la aplicación práctica de la eficacia técnica -y, por tanto, racional-. Es un tema de importancia gigantesca. Eso se verá con más claridad si traspasamos el problema desde el judaísmo hasta el islam, donde la contradicción se ha hecho mucho más lacerante. Es también la cuestión de fondo del famoso discurso de Benedicto XVI en Ratisbona. Ya sé que las menciones de este tipo siempre son muy mal vistas en una crítica de televisión (¿qué es eso de hablar de ideas en una ventana abierta a la caja tonta?), pero que a nadie le quepa duda de que los guionistas de ese episodio de House , cuando planteaban un episodio como el narrado, estaban pensando precisamente en eso: en mostrar la contradicción entre el fundamentalismo religioso y el pensamiento racional. Y no sin matices. Por eso es una serie inteligente. No como otras.

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