| Reportaje | Guapo símbolo de León |
Un gallo más celta que árabe
Su sorprendente parecido con la figura gala de Saint Germain-en-Laye, apuntado por José María Merino, y con otras obras europeas, conecta el ave isidoriana con la cultura céltica

Los famosos gallos leoneses del valle del Curueño
Conocimos que era un superviviente, un extraordinario testigo de lo ocurrido en León y en Hispania durante más de un milenio, cuando lo bajaron para limpiarlo y rehabilitarlo en el año 2001. Fue entonces cuando vimos sus heridas y supimos que los soldados napoleónicos intentaron bajarlo a balazos. Los expertos dijeron que procedía del Al-Andalus y los rastreadores de lo oculto encontraron celdillas de abejas en su interior con restos de polen de plantas más bien propias de Oriente Próximo. Un gallo, pues, viajero y lleno de misterios. Sea como fuere, los leoneses le cogieron aún más cariño y aunque llevaba aupado al cielo de la ciudad tanto tiempo como tiene la propia torre de la Real Colegiata de San Isidoro, lo hicieron símbolo entrañable de León. Hoy, las tiendas de recuerdos están cada vez más llenas de estas doradas aves. Y los turistas las solicitan y quieren conocer su historia. No obstante, desde hace ya tiempo, el escritor leonés José María Merino viene haciendo ver el gran parecido de nuestro gallón con figurillas europeas como la céltica y doblemente milenaria que se guarda en el Museo de Antigüedades Nacionales de Francia en Saint Germain-en-Laye, la tapa de alguna especie de recipiente. También hemos encontrado una veleta prácticamente idéntica al gallo isidoriano en Le Puy-en-Velay (igualmente en el centro de Francia), lugar donde por cierto comienza un viejo conocido nuestro, el Camino Francés. José María Merino argumenta que en el mundo árabe las representaciones figurativas son escasísimas, pero que, sin embargo, «hay una cultura que empleó la figura del gallo como motivo ornamental muy habitual, tanto en monedas como en enseñas militares y en objetos de uso doméstico». Todas ellas muestran «la cresta en abanico y la cola en forma de hoz», una fisonomía que caracteriza también al celebérrimo gallo de Barcelos, tótem portugués nacido en el Norte del país vecino, territorio en el que, como León, también floreció la cultura de los indoeuropeos celtas. «Que la factura de nuestro gallo sea árabe, fruto de un encargo, me parece posible, Córdoba hacía de todo, era el Nueva York de la época -opina Merino-, pero creo que la tradición cultural en la que se incardina este tipo de figuras es céltica y no árabe».