EL INVENTO DEL MALIGNO | JOSÉ JAVIER ESPARZA
Españoles
MALOS tiempos para las series españolas. Los hombres de Paco, después de la salida de Hugo Silva, va de cabeza; esta semana perdía 3,4 puntos otra vez. Lo nuevo de Telecinco, Acusados, se estrenó con cifras poco brillantes y esta semana perdía seis puntos, que es una barbaridad. Acabamos de ver languidecer hasta la extinción a un clásico como El comisario, y también la salida de otro clásico, Hospital central, antes de su definitivo agostamiento. En Antena 3 se funde La familia Mata. En TVE-1 ha estado al borde del naufragio Herederos, a pesar de su engañoso canto del cisne. El panorama no es mejor -”incluso es peor-” en las series de sobremesa. Hace sólo cinco años, programar series españolas era una garantía de éxito en muy alto porcentaje de probabilidades: hoy, es una lotería que nunca sabes por dónde va a salir -”y la incertidumbre es todavía más enojosa que el riesgo-”.
¿Qué está pasando? Decir que las series españolas, en general, están fracasando sería abusivo y, por tanto, falso. Una serie como Aída, cuyo planteamiento es reprobable en muchos aspectos, está consiguiendo sin embargo ser el producto de ficción más exitoso de la pantalla, junto a la norteamericana CSI. ¿ Por qué? Sin duda, porque ha sabido conectar con tendencias muy hondas de la sociedad española o de buena parte de ella.
Lo mismo cabe decir, en su franja horaria y en su género, de Amar en tiempos revueltos, el culebrón parahistórico de TVE-1, que desde hace meses despliega una hegemonía indiscutible en la sobremesa. Y tan sólo unas semanas atrás teníamos el caso de El internado, que ha sabido explotar el filón adolescente con muy buena mano -”mucho más discreta, sin duda, que Física o química-” y rentabilizar al máximo sus limitadas virtudes.
En estas condiciones, ¿cómo hablar de crisis de la «ficción española»? Mucho más incierto es el panorama, por ejemplo, en las series americanas, donde productos excelentes pasan sin pena ni gloria sencillamente porque al público no le interesan.
No, la «ficción española» no está en crisis. Lo que está en crisis es seguramente la creatividad de nuestros guionistas, y no lo digo por los eventuales plagios que por ahí circulan, sino por la evidencia de que a los creadores de historias españolas para televisión parece costarles más que antes conectar con la sensibilidad del público. Es interesante reflexionar sobre esto: hoy a cualquier productora le parecería ñoño, blandorro o memo un relato como Farmacia de guardia o Médico de familia. ¿ Por qué? ¿Porque el público ha cambiado? No: por los prejuicios -”ideológicos y estéticos-” de las productoras. ¿Qué apostamos?