Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER | SU ÚLTIMA OPINIÓN

El bien pagado

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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Me detuvo en medio de la calle, la pareja de ancianas, siguiendo la costumbre, la santa costumbre, dice una de ellas, poniendo en sus palabras una unción de novenaria. Y me pregunta: «¿Se ha enterado usted que a un chico del Brasil de los que juegan a lo del pelotón, le ha contratado un señor de Madrid, que dicen que tiene todo el dinero del mundo, para el juego ese del pelotón?».

Le contesto con una sonrisa para complacerla y porque me causa una gran sorpresa que estas dos señorinas, jubiladas por la tercera fase, tuviesen la curiosidad de ese muchacho deportivo que juega al pelotón. Y me lo explica: «Es que verá usted, señor, el tal y cual chico carioca cobra por su trabajo, la no desdeñable cantidad de 94 o 95 millones de euros».

O sea, la luna de dinero. Y eso por su fichaje o sea su compromiso para no jugar con otra sociedad, que es como si se incrementara para no tener comercio con mujer ni con hombre hasta el final de la crisis.

Y le retruco: «¿Y sabe usted, señora, lo que se puede hacer con esos noventa y cuatro millones más primas, sobrinas y gananciales?...

«Pues qué quiere usted que le diga, responde súbito la ancianita hablando: Con ese dinero, que me parece que es una barbaridad, podríamos pagar el alquiler del piso hasta que la muerte nos invitara a dejarlo, en tanto que no sería una dificultad insalvable contar con remanente para vivir a lo grande y salir alguna vez al cine o a cualquier licencia social o sarao de familia».

Y a mí no se me ocurrió para calmar la abrumadora intromisión, que decirla que con esos 94 millones de cuyo cambio en moneda pobre sería de contabilidad imposible para nosotras, que ensayar un gesto de asombro ante la denominación de los dineros supuestos: Con tantísimo dinero, insisto, podría construirse un Hospital y adquirir becas de estudios y bonos para comida de gracia, no solamente para una familia, o para un barrio, sino para toda una Nación y cualquier forma de presupuesto nacional que se necesitara sostener...»

Y lo sangrante de la anécdota del pelotonero señor Cristiano Ronaldo es que este prodigio sucede en un momento en el que de los cuarenta y seis millones de habitadores de la ínsula Barataria, cuando menos cuarenta y uno andan con la necesidad a cuestas y hay poblados en los cuales las hambres son generales.

Y no es que lamente ni que me alarme el hecho de que el señor Cristiano Ronaldo se ponga las botas: lo tremendo es que la mayor parte de la biografía del país no tiene para botas.

Me pregunta usted, señorina, de dónde sale tantísimo dinero que no se reparte con equidad, generosidad y justicia entre tantísimos míseros e infelices como andan a rastras por el mundo, y no se qué decirlas a estas dos viejecitas, ya jubiladas, que ni pueden con la risa ni con los impuestos y no saben qué decir sin blasfemar, de estos sucesos deportivos tan bien dotados y de esos señores muchimillonarios que disponen de dólares, de chelines, de euros y de liras como para comprar al precio que fuera a hombres y mujeres...

«Es que el mundo es una feria, señor, me explica la mujeruca»...

«O una cueva», le replico.

Bueno: «No por eso recelo / de no alcanzar desde la tierra el cielo»... Amén...

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