El miércoles se cumple el centenario de Onetti
Aterrizó en España en 1975 y decidió quedarse para siempre. Dos años antes, en 1973, el gobierno de su país, Uruguay, le había encarcelado por premiar en un concurso el cuento El guardaespaldas , de Nelson Marra. Onetti formaba parte del jurado. El relato, a juicio del dictador uruguayo, Juan María Bordaberry, era «subversivo». Otros dos miembros del jurado también fueron metidos entre rejas.
A su llegada a España se instaló con su cuarta mujer, Dorothea Muhr, Dolly, en un apartamento de la Avenida de América. Se sentía a gusto. Del exterior, poco quería saber. En 1980 le concedieron el Premio Cervantes. Hizo un esfuerzo y fue a saludar al Rey. El resto del tiempo lo pasaba en el apartamento. Muchas horas, según dicen, en la cama. Pero no para vaguear sino para escribir. Un cuaderno, un lapicero, un vaso de whisky, una novela policiaca y una estampa de Marcel Proust. No se necesitaba mucho más.
1397124194 Minoritario. Fue un escritor minoritario -”un escritor «para escritores»-”, pero de esos que «derrotan el paso del tiempo», según Mario Vargas Llosa, uno de sus más rendidos admiradores. «Hay escritores brillantes formal y técnicamente, que escriben historias que no resultan persuasivas por falta de autenticidad. Otros dan la impresión de inmolarse en lo que escriben, de que cada relato es un sacrificio de sí mismos. Así era Onetti». Proust, Faulkner, Céline, Joyce y el cine fueron sus grandes influencias. Descubrió que podía hacer montajes, subvertir el tiempo y manejar múltiples puntos de vista. «Detesto el sentimentalismo, los ranchitos de paja, las madres amorosas y el alarde que hacen de sus robustos pechos», llegó a escribir. Su obra fue corta. Poco más de una docena de títulos, entre novelas y conjuntos de relatos. La editorial Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores presentará el próximo miércoles el último de los tomos, al que ha titulado Cuentos, artículos y miscelánea . «Su pesimismo, su nihilismo, su desesperanza bebe en la frustración histórica de Uruguay y, en general, de América Latina», sentencia Vargas Llosa.