Diario de León
Publicado por
BOQUERINI
León

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La pantalla de la televisión es cada vez más grande. No me malinterpreten, no quiero decir que lo que vemos por la caja tonta, al menos en España, tenga cada vez mejores y más grandes contenidos. La afirmación es, simplemente, literal. Con tanta televisión de plasma y otras zarandajas, los centímetros cuadrados, las pulgadas de nuestros aparatos, aumentan como la espuma. ¿Cómo beneficiarse de este hecho colateral a la emisión de un programa? se preguntaron rápidamente los responsables de las cadenas. ¿Aumentando la calidad de las imágenes? ¿Buscando escenas espectaculares de gran belleza que reconcilien con la televisión? Evidentemente, no. De repente se les encendió esa bombilla de las ideas que parecía fundida sobre sus cabezas. ¡Eureka, más anuncios!. De esta manera la pequeña pantalla se ha poblado de mensajes nada subliminales que te intentan vender cosas. Al principio era solo durante los partidos de fútbol. Un rótulo lo mismo te anunciaba el nombre del jugador que acaba de meter un gol que te indicaba la marca de cervezas que debías consumir mientras disfrutabas del encuentro. Poco a poco estos mensajes se fueron haciendo más sofisticados. En los programas de telebasura de cotilleos, con el auge de los teléfonos móviles, las cadenas habilitaron rápidamente una banda inferior en la que, previo pago, los espectadores pudiesen mandar sms, destrozando el idioma y utilizando el invento para intercambiarse mensajes privados. Como en televisión todo lo que es susceptible de empeorar, siempre empeora, las cadenas empezaron a utilizar una parte de la pantalla para autopromocionarse con los espacios siguientes o con los que a la cadena le interesa que se vean. Es curioso que no haya forma humana de saber con anticipación la programación de una cadena, pese a que tienen la obligación legal de anunciarla, al menos, tres días antes (intenten averiguar un viernes las películas de Antena 3 del fin de semana. Es peor que un secreto de estado), y que por otro lado te machaquen con estas autopromociones. Usted puede estar tan feliz viendo una película de calidad, como Los puentes de Madison el sábado por la noche, para que la cadena, en este caso con el agravante de que se trata de la televisión pública, en el momento más romántico entre Meryll Streep y Clint Eastwood, le empiece a llenar la pantalla de rótulos sobre las motos del domingo. Si en ese momento le asaltan unas irrefrenables ganas de tirar su aparato de televisión por la ventana, no se asuste. Millones de personas han tenido a la vez el mismo instinto primario. La Sexta llena ya un tercio de la pantalla con estas autopromociones. Como siempre, vamos mejorando.

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