Diario de León
Publicado por
jorge javier esparza
León

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El invento del maligno

Asunto peliagudo donde los haya: a la periodista Samantha Villar, la reportera de 21 días en Cuatro, la quieren meter en el trullo. ¿Por qué? Porque en uno de sus reportajes, conviviendo con una familia gitana, participó en un «levantamiento» de hierros y chatarra cuya «desaparición» fue luego denunciada por el propietario del material. «Nunca sabré si aquello fue un robo o no», dice Samantha en el reportaje. Feo asunto. Samantha Villar es una periodista excelente, su programa es muy bueno y a 21 días sólo se le puede tributar respeto. Pero, en este caso, hay que decir que ella se lo ha buscado. Hay una cierta tendencia a considerar que los periodistas, por el hecho de serlo, gozamos de una especie de inmunidad natural a la hora de ejercer nuestra profesión, y que vulnerar tal inmunidad es algo así como un atentado cósmico. Aquí, como en todo, conviene poner las cosas en su sitio. Si yo critico a un señor con vehemencia, sé perfectamente que me expongo a que ese señor reaccione tratando de amargarme la vida (ya lo hacen, sí). Si ese señor manda a dos propios a partirme las piernas o a pegarme un tiro, estará haciendo mal porque eso es un delito; pero si se limita a intentar que yo deje de escribir, no estará infringiendo ley alguna, sino que sólo podrá reprobarse, en su caso, la bajeza moral del fulano. Ciertamente, la cosa sería distinta si yo, además de escribir contra alguien, hubiera animado a las masas a linchar al sujeto en cuestión; en este caso, uno salta al otro lado de la ley y tiene que asumir las propias responsabilidades. ¿Se ve la diferencia? Si yo me meto a hacer un reportaje con delincuentes comunes y lo cuento en la tele, no habré hecho sino mostrar la realidad tal cual es; que quieran llevarme a la cárcel por eso no deja de ser una enorme hipocresía. Pero si yo filmo un delito y, aún más, me meto en el personaje hasta el extremo de cooperar en el acto delictivo, entonces tengo que atenerme a las consecuencias, porque ahí he dejado de ser periodista para convertirme en un delincuente más. Un buen abogado es capaz de demostrar que las ranas son mamíferos de pelo largo, así que tendrá interés seguir este asunto. Pero lo importante es dejar claro que uno tiene que saber dónde están los límites; también -”y quizá sobre todo-” si lo que uno se ha propuesto es saltárselos. Aquí, evidentemente, se ha transgredido un límite. Los tribunales dirán hasta dónde.

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