Diario de León

Entrevista

«Un museo debe servir para educar a la sociedad»

El director del Prado atraviesa uno de los momentos más dulces de su gestión, tras el éxito de la exposición de Sorolla

Miguel Zugaga en una de las salas del Museo del Prado.

Miguel Zugaga en una de las salas del Museo del Prado.

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tomás garcía yebra | madrid
León

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Dice que no quiere jubilarse en el Prado. «Es positivo que haya estabilidad en las grandes instituciones, pero uno debe tener la suficiente lucidez y humildad para darse cuenta de cuándo su labor ha finiquitado». Licenciado en Historia del Arte, sueña con dos exposiciones. Una Piero della Francesca (buena parte de su obra son frescos y el resto no se presta); la otra, El Bosco, cuyo enigmático El jardín de las delicias se encuentra en la pinacoteca. «En 2016 se cumplen los 500 años de su muerte», recuerda con sonrisa pícara. «Es un artista de obra reducida y algunos de sus cuadros más importantes se encuentran en el Prado. Bueno, ya veremos si se puede o no. Es muy complicado conseguir los préstamos, pero a priori no lo descarto».

-”¿Por qué Piero della Francesca?

-”Es uno de de los pintores más puros de la historia. Hace poco volví a ver su Madonna del huevo , en la pinacoteca de Brera. Es un cuadro verdaderamente extraordinario. A través de la geometría capta las claves del Renacimiento.

-”¿Y El Bosco?

-”El Bosco es El Bosco. Aunque está muy bien representado en el Prado, poder traer el resto de su obra, como complemento de lo que hay aquí, sería fabuloso.

-”Ha sido director del Prado con los populares y repite con los socialistas. ¿Cómo logró sobrevivir?

-”No soy político. A lo mejor es por eso. Afortunadamente, la clase dirigente se empieza a dar cuenta de que hay que juzgar el trabajo, no el carné. Philippe de Montebello permaneció 35 años al frente del Metropolitan de Nueva York. En esos años han pasado siete directores por el Museo del Prado. La estabilidad y la autonomía de gestión son necesarias para las grandes instituciones culturales. Si no, resulta imposible trabajar.

-”Se discute si hay que enseñar religión en los colegios. ¿No es contradictorio alabar el Prado y escupir contra su contenido? Porque si uno no conoce la Biblia, si no conoce la mitología, no puede entender casi nada de lo hay allí.

-”Estamos en una sociedad que progresa vertiginosamente en los aspectos tecnológicos, pero su desconexión con el pasado es cada vez mayor. Los centros escolares, las familias, no pueden llegar a todo. A lo mejor, desde los museos, debemos emprender labores pedagógicas que subsanen estas lagunas; tendremos que programar enseñanzas y actividades que sean complementarias a las que se imparten en los colegios. Yo soy de los que piensan que los museos no son contenedores o almacenes inertes. Un museo tiene que ser algo vivo, dinámico. Debe servir para educar a la sociedad, para implicarla en proyectos que formen al individuo.

-”El Museo Thyssen va a vender preservativos con dibujos coloreados. ¿Qué le parece esta iniciativa de la baronesa?

-”Habrá que interpretarlo como un guiño, como un juego al hilo de esa exposición.

-”¿Vendería el Prado preservativos con imágenes de los cuadros de Rubens o Veronés?

-”Nosotros somos más conservadores. Cuando llegué a este museo vi que en la tienda se vendía aceite de oliva. Me chocó muchísimo. Considero que el aceite y los preservativos tienen lugares apropiados para su venta. El visitante ha de reencontrase con el museo, y no sólo en las salas, también en la tienda.

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