opinión | el invento del maligno
Fútbol
Lo que pasó en el España-Argentina de la otra noche, en el plano deportivo, ya lo habrá leído usted en la sección correspondiente de este diario. Hablemos del otro plano, el televisivo, porque los partidos de la selección española llevan años siendo un buen espectáculo; no sólo la selección gana («ganamos», como dice el forofo), sino que además deja muchos minutos de fútbol estupendo, que es lo que el espectador quiere ver.
Ante espectáculos de este tipo, es enorme la tentación del periodista para dejar su propia firma en la retransmisión mediante una locución singular o una imagen fuera de lo ordinario. De hecho, una cosa que se le reprocha al trabajo de TVE en este tipo de eventos es su carácter excesivamente plano, clásico, frío, con poquísimos alardes narrativos.
Es verdad que el trabajo de TVE, por lo normal, tiende a ser aburrido; eso, cuando el partido es malo, hace letal el espectáculo. Ahora bien, en TVE tienen sus buenas razones para mantenerse dentro de esos esquemas más bien frigoríficos. ¿Cuántas veces se nos ha chafado un partido por una narración demasiado personal? Al final, lo que parece claro es que el fútbol es mejor contarlo de la manera más simple posible.
El precepto rige no sólo para la narración oral, o sea, lo que hace el locutor, sino también para la narración visual, es decir, el trabajo del realizador. Poco antes del partido de TVE-1 estuve echando una ojeada al Brasil-Inglaterra que ofrecía La Sexta; con ese cartel, uno tiene grandes posibilidades de encontrar buen fútbol.
La narración de la Sexta, desaparecido Montes, se ha hecho bastante convencional. Pero lo visual, que no era cosa de la Sexta, era uno de esos trabajos creativos que tienen la virtud de desesperar al espectador. Resultado: una jugada en la que era crucial permanecer a ras de césped, para saber qué había pasado, terminaba siendo invisible para el frustrado aficionado. No es que estas alegrías de cámara deban quedar desterradas, pero su uso durante el juego es tan problemático que deberían limitarse, en el mejor de los casos, a los momentos en que el balón no rueda por el campo.