Diario de León
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Opinión | miguel ángel nepomuceno

No es necesario, pienso, repetir la necesidad imperiosa de mantener una formación orquestal en el acontecer de la vida musical leonesa, especialmente si echamos la vista atrás y observamos que su nombre ha estado unido a los principales actos culturales, políticos y musicales de la ciudad durante más de medio siglo. La orquesta Odón Alonso ha sido a León como las vidrieras a la Catedral, insustituible, de ahí que la noticia de un nuevo renacer de sus cenizas, cuan Fénix que remonta el vuelo hacia climas más benignos, sea motivo de congratulación para todos.

Pero hay algo que los nuevos gestores de esta incipiente formación no deben olvidar jamás y que es una de las premisas fundamentales para su pervivencia: que no es una formación atada y anclada al Ayuntamiento. En contadas ocasiones movió un dedo para buscar subvenciones, y, cuando lo hizo, o bien las dejó pasar sin enterarse o rápidamente arrojó la toalla porque resultaba muy «engorroso» ir a «hacer pasillos». Y así lo manifestó un anterior miembro de ella: «Nosotros no tenemos por qué ir a llamar a las puertas cuando es el Ayuntamiento quien nos paga». Postura excesivamente cómoda especialmente si se olvida que son una asociación y como tal depende, en principio, de sus asociados y de las ayudas que les quieran o puedan ofrecer otras instituciones o entidades, pero jamás el estar adheridos a un único proveedor, el Ayuntamiento.

Confiamos en que los nuevos gestores, entre los que figuran personas muy vinculadas a la música y a la gestión, reconduzcan con mano firme e ideas claras la actividad de la «Odón Alonso», y la potencien para que sea ejemplo y orgullo de todos los leoneses. No sólo limitándola a los conciertos mensuales del Auditorio, sino saliendo fuera de nuestras fronteras para darse a conocer y otorgarle un sentido lógico a su razón de ser y no esperar con los brazos cruzados a que caigan del cielo las subvenciones, los contratos y las actuaciones. Ninguna orquesta en la actualidad sobrevive con la mano extendida. Necesitamos a la «Odón Alonso» como algo nuestro, pero también tiene que merecerse el apoyo de quienes confiamos en su gestión y en sus resultados.

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