Diario de León

opinión | el invento del maligno

Wyoming

Publicado por
josé javier esparza
León

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Nueva bronca en La Sexta. En esta ocasión, en El intermedio de Wyoming. Este programa tiene una sección que consiste en coger unas imágenes de un personaje público, manipular sus palabras con su misma voz y hacerle decir cosas extravagantes. El recurso tiene gracia cuando la manipulación se mantiene en límites tolerables. Pero la semana pasada Wyoming cogió unas declaraciones del periodista Hermann Tertsch y las manipuló de tal manera que le hacía decir cosas abominables: que le gustaría matar pacifistas, por ejemplo. Si uno manipula unas palabras en un contexto cómico, sin ocultar que es una falsificación, entonces es una gamberrada. Ahora bien, si uno manipula esas mismas palabras para pintar a su autor como un asesino, entonces saltamos de categoría: la gravedad de la caricatura disuelve el contexto cómico y sólo queda un insulto intolerable.

Eso es exactamente lo que ha pasado en este caso y por eso Tertsch ha anunciado acciones legales. Con la nueva semana, esperábamos que Wyoming pidiera perdón. Al fin y al cabo, cuando se hace humor más o menos político es fácil que se le vaya a uno la mano: la política es un terreno altamente inflamable, de manera que toda prudencia es poca cuando se trabaja con chispas. Esto lo entendemos todos y, por lo mismo, también todos estamos dispuestos a contentarnos con una petición de perdón. A un bufón que mete la pata, enseguida se le perdona si pide disculpas; precisamente porque sólo es un bufón.

Sin embargo, Wyoming no sólo no ha pedido perdón, sino que, chulo como un ocho, aún ha subrayado su hazaña con un fatuo «pero qué gracioso soy». Es interesante, esta soberbia del personaje: ¿Por qué no ha pedido perdón, como hubiéramos hecho cualquiera de nosotros? Seguramente porque este bufón se ve a sí mismo como un intelectual, un hombre de relieve público decisivo, un artista de la opinión ciudadana; alguien cuyo talento le faculta para insultar a quien le dé la gana, sobre todo si no forma parte de la propia tribu. Así el bufón se convierte en alguien verdaderamente grotesco. O sea, Wyoming.

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