Diario de León
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León

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El fútbol, ese poema en movimiento construido sobre la pasión de las masas, incluye dentro su sagrado registro de personajes una cumplida nómina de santos y de excelentes atletas. Según iban transcurriendo las primeras décadas del siglo XX, apenas quedaba región en España donde tan varonil juego no contase con entusiastas partidarios. Y no sólo del deporte basado en las evoluciones de un balón redondo, sino más genéricamente de los ejercicios corporales como precepto higiénico de obligado cumplimiento. La idea primordial, difundida por los entusiastas de la salud pública, consistía en buscar el beneficio y la mejora de la persona hasta conseguir una suerte de hombre perfecto que tuviese el alma de un santo y la inteligencia de un sabio en el cuerpo de un atleta. Quimérica fórmula que llevaría al Ayuntamiento de Bilbao, allá por el mes de octubre de 1922, a solicitar que el fútbol fuese una asignatura de enseñanza obligatoria por ser escuela de educación física, cultura e higiene. El balompié, bandera deportiva de cada pueblo, debía de estar regulado para atender tanto al desarrollo del músculo como al progreso del espíritu.

Son muchos los forofos que, a día de hoy, consideran al fútbol como la única religión con un alcance global. Los hinchas se han convertido en una especie de feligreses que llenan con el fútbol el vacío dejado por la falta de creencias. Así lo aseguran autores como David Winner o Stephen Tomkins, quien escribe literalmente: «Estamos abandonando las iglesias por el campo de fútbol. Los jugadores son dioses; y las gradas, los bancos de la iglesia. El fútbol, no lo duden, es la nueva religión imperante». Controvertida teoría que, no obstante, también tiene su arraigo en los Campeonatos del Mundo. Tan sólo debemos recordar el gol tramposo logrado por Diego Armando Maradona en el Mundial de México, bautizado nada menos que como la Mano de Dios . Así se justifica algo mágico y superior a cualquier explicación lógica y racional, exactamente igual que ocurre con el abanico de religiones.

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