Lo fashion y la puchera
El fútbol es, fundamentalmente, un juego de recuerdos infantiles, así como una crónica de caracteres y costumbres. Eso por no hablar de su peso creciente en el universo de la moda, consagrado a partir de aquel Real Madrid de los galácticos tan atento al desfile en las pasarelas como al correr del balón sobre el césped. Echando la vista atrás, los primeros peloteros leoneses que conjuraban su afición al fútbol en el campo del Parque, actual Paseo de Papalaguinda, tenían a gala no lucir las piernas desnudas, pues según declaró un veterano jugador: «éramos castos completamente. Al llegar al campo nos poníamos en mangas de camisa y, si acaso, procurábamos llevar calzado fuerte para patear el cuero en condiciones. Eso era todo». Para las lesiones y torceduras padecidas por estos prehistóricos del balompié capitalino, la hija mayor de don Natalio Becerril había condimentado una puchera que, según se decía, ejercía las funciones de auténtica mano de santo.
Resulta una verdad incuestionable que la gran mayoría de los equipos comenzaron a vestir de blanco, más que nada para aprovechar la ropa interior desechada en cada casa. Por citar de nuevo al Real Madrid, y dicho sea en palabras del periodista Enric González, un club que nació de unos humildes y trajinados calzoncillos. No es el caso de la Juventus, otro histórico del fútbol mundial, que en su acta fundacional eligió vestir a sus jugadores con camiseta rosa, pajarita y pantalón negro.
Semejante aberración cromática pasaría al olvido, sustituida en el tiempo por los uniformes tan fashion que lucen ahora los diferentes equipos sumergidos en el Mundial. Desde el rojo crudelísimo que enarbolan los nuestros, hasta el tradicional «verdeamarelo» que es seña de identidad carioca. Porque en fútbol y en la moda, tan como sentenció un afamado diseñador de cuyo nombre prefiero ni siquiera acordarme, nada está escrito. Y ahí radica precisamente gran parte de su encanto.