mundial de sudáfrica 2010
La locura se apodera de León
La victoria de la selección española sobre Holanda sacó a la calle a miles de leoneses a celebrar un acontecimiento histórico

La plaza de Santo Domingo en León era un hervidero humano con miles de seguidores de la Roja
Al grito de: «Yo soy español, español, español» la afición leonesa coreó el gol de Andrés Iniesta como una única garganta. Minutos antes de comenzar el partido las calles de León estaban vacías, todas excepto las del Barrio Húmedo. El centro de copas de la capital se convirtió ayer en una marea roja, la Plaza Mayor estaba rodeada por pantallas de televisión que se apoderaban de las miradas de los miles de aficionados que acudieron a ver el partido.
La Calle Ancha se convirtió a partir de las diez y media y durante varias horas en la «Calle Estrecha». Durante todo el partido cientos de personas se aglomeraron alrededor de una pantalla gigante ubicada en un bar del centro de la calle peatonal, una «sentada» multitudinaria que impedía el paso a todos los osados que intentarán cruzar al otro lado.
Arranca el partido, todos los aficionados toman posiciones o asientos improvisados frente a las pantallas instaladas. Hay alegría en el ambiente, reina el optimismo. En este momento todos toda la gente anima a un equipo, como demuestran los gritos de «Vamos España» o «A por ellos» que se lanzaban con pasión a los intimidados televisores. La tranquilidad y las sonrisas del inicio dieron paso con el transcurso del juego a la precaución y la calma.
Las vuvuzelas eran las únicas que no cesaban en su intento por animar a los chicos de Vicente del Bosque. Acaba la primera parte y la multitud se dispersa dentro de los locales para «quitar el aire» a sus vasos, copas o jarras. Como si hubieran estado corriendo los cuarenta y cinco minutos, buscan como corredores de obstáculos ser los primeros en completar su cometido. «Ahora les metemos la del pulpo Paul» grita un aficionado, que con su frase consigue arrancar unas carcajadas generales. Comienza la segunda parte y pone en juego el conjunto español. La primera ocasión con peligro la realiza Robben, acción que provoca unos suspiros de alivio con más fuerza que nunca, la tensión se apodera cada vez con mayor intensidad de la Plaza Mayor. Siete son los minutos que transcurren hasta que el 11 de la Oraje vuelve a plantarse con descaro y en solitario en la área que defiende Casillas. El paradón del arquero español provoca esta vez un aluvión de aplausos y gritos de ánimo, la marea roja empieza a sentir que el mundial puede volar con destin o a los Países Bajos. Acaban los noventa minutos reglamentarios y nadie se mueve de los asientos. Esta vez nadie quiere perder su posición de privilegio. Petardos y vuvuzelas empiezan a sonar por toda la Plaza Mayor. Después de varias ocasiones de peligro Andrés Iniesta empalma al borde del área chica un pase al hueco del capitán del Arsenal, Cesc Fábregas, que no puede detener el portero holandés.
En ese momento la locura se apodera de todos los aficionados, que entre saltos y abrazos intercambian la felicidad que les invade en ese instante. La historia no quiere darnos la espalda en este once de julio y en cuanto suena el pitido final, un torrente de personas salen desapavoridas como si el pánico se hubiera apoderado de ellas. Corren desbocadas en dirección a la Plaza de Santo Domingo para bañarse en la fuente donde León «moja» sus éxitos deportivos. La policía corta el paso a los vehículos, porque durante varias horas la plaza se convirtió en peatonal. Ayer fue una noche larga y Santo Domingo festejó la última y más dulce celebración del Mundial.