baloncesto. mundial de turquía
Victoria con poco lustre
El equipo español paga con el Líbano su desazón de los partidos anteriores

El pívot de la selección española, Marc Gasol, machaca sin piedad la canasta de Líbano.
España, su selección de basket, sabe lo que se trae entre manos. Pifias al margen, tiene un sello genético tan definido, para lo bueno y lo malo, que no se entiende bien que en una competición que transcurre a una velocidad de vértigo deba incluir etapas de rodaje, bancos de pruebas ante un futuro que podría caer a plomo. Porque este miércoles ganó con solemne claridad al Líbano. Pero enmascaró sus carencias y desajustes en una salsa tipo farsa, esas mezclas con las que los chefs plasman un milagro en la apariencia, que no en el poso, de un plato. Vencieron los campeones, volvieron a hacerlo tocados por el rojo que creían podía darles mal fario. Se fueron más allá de los treinta puntos de ventaja. ¿Y qué? Habrá quien piense que esta crónica es producto de una mente delirante.
Los días fuera de casa pesan, pero no tanto. España no acaba de enfocar sus males, de atender con rapidez a las soluciones a emplear. Un problema debe activar de inmediato su antídoto. Y esto no sucede en el equipo de Scariolo. «La Roja» habría ganado el partido sí o sí al cabo de los cuarenta minutos. Pero fue el colegiado Luigi Lamonica el que le tendió la alfombra para amortiguar el paso. Colegiado mediático, un personaje que perfectamente podría lidiar con éxito con la audiencia en un programa televisivo de «prime time», descabezó al Líbano mediado el segundo cuarto. Antes ya le había colgado una técnica a Rudy Fernández a los dos minutos por protestar -nada que ver con lo de Francia- y era cuestión de tiempo que pasara la bandeja por el otro banco. Le tocó la ronda a Jackson Vroman, el norteamericano naturalizado como del mismísimo Beirut, vía contrato. El ex jugador del Gran Canaria había saltado al parqué con cuernos y tridente. Con su desparpajo en la pintura, campaba a sus anchas, lideraba a su equipo y ponía en evidencia al rival. Pasaba que a España volvía a lastrarle lo de siempre. Sus reboteadores avanzados eran Rudy Fernández y Ricky Rubio. Marc Gasol y Garbajosa, un «carolo» en dicho apartado en el primer acto.
Cuando eso sucede es que las cosas no funcionan como deberían. Con el base culé desaparecido en combate en la creación y sin que su equipo genere opciones para poder correr, la película tiende al tostón. Juego estático sin marcas que seguir. Lo de la pizarra, el automatizar los movimientos, el que afloren las ideas precisas, sigue quedando, ojalá, para más adelante. Conexión Gasol-Mumbrú Condenado al banquillo Vroman con los doce sencillos puntos y media docena de rebotes que ya acumuló en el primer cuarto, y sólo entonces, España reaccionó. El marcador estaba en 30-31 para los de Scariolo y libres del presidio colocaron un 2-12 con el concepto Marc Gasol constante en adelante. Los triples no habían sido la solución (2 de 18 como peor secuencia) y eso es grave en una plantilla con marcada vocación artillera. El despegue terminó por ser definitivo y procuró minutos a todos los convocados. Los aprovechó, sobre todo, Víctor Claver, para despojarse del ostracismo.