Corea también decide pero sin el glamour de la Fórmula 1
Yeongam se presenta al mundo desaliñado y de mala manera, un circuito que tiene la intención de convertirse en urbano aunque le falle un pequeño matiz. Aquí no hay ciudad, sólo matorrales y rastrojo entre la nada, a la orilla del mar Amarillo y del lago Yeongam, un escenario casi posbélico que dista mucho del presunto glamur que envuelve a la Fórmula 1. Pero con lujo y excentricidades o sin ellos, Corea también decide en este campeonato y su resultado es vital para coronar al campeón de F-1.
Entre grúas y obedientes soldados del ejército de Corea del Sur, la parrilla ha convivido durante este fin de semana a la espera de que cambie el paisaje para las próximas ediciones. Así lo exige Ecclestone.
Corea del Sur forma parte de la fiesta porque ha abonado algo más de 200 millones de euros (siete años de contrato) en la cuenta del patrón, personaje capaz de levantar una piedra y dar con un fajo de billetes. Sin embargo, lo que se ha encontrado por estos lares no es precisamente lo esperado para su negocio, pues se pone en duda la capacidad de la F-1 para llegar a cualquier rincón del planeta. A Corea del Sur se le concede un aprobado raspado porque al menos hay carrera, que corrió serio peligro de anularse, pero desde luego suspende en otros temas como el alojamiento y la logística.