Diario de León
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E l fútbol sala español vive sus momentos más bajos. A pesar de que la selección española sigue acumulando éxitos, el trato que desde el Comité Nacional de Fútbol Sala se le dispensa en cuanto menos vergonzante.

Antonio Escribano, presidente del mismo, ha hecho bueno en menos de un año a Alberto Vilar, su antecesor en el cargo, y es que peor no se pueden hacer las cosas. La Primera División Nacional A, su categoría estrella, está perdiendo peso a pasos agigantados. Ha pasado en dos temporadas de nueve a cuatro ascensos, todo ello porque sí y sin ningún razonamiento. La reestructuración natural de la División de Plata, se han quedado sin equipos, ha obligado al Comité a hacer de su capa un sayo, recortando la tercera categoría de forma salvaje, con premeditación, alevosía, nocturnidad y recochineo. Un total de 72 equipos perderán de un plumazo la categoría, quedando 56 de los 166 que inicialmente debían comenzar la temporada. El propio ente recoge en sus Normas Reguladoras del mes de julio que perderán la categoría los clasificados en los puestos 14, 15 y 16 de cada grupo. A una semana de comenzar la competición deciden que perderán la categoría todos los clasificados del séptimo puesto para abajo, además de contar con cuatro ascensos a la División de Plata en vez de los seis establecidos la temporada anterior, en la que ya perdía tres plazas en la categoría superior.

Sin embargo, de la categoría inferior, en la que hay 24 grupos, contando alguna comunidad uniprovincial con dos grupos, ascienden todos los campeones, en claro agravio con los de la Primera Nacional A, que en el mejor de los casos sólo subirán cuatro de nueve, en el supuesto de que todos los que asciendan sean campeones, porque también promocionan los siete mejores subcampeones de grupo. ¿No sería mejor que ascendieran la mitad de B y se ampliaran los grupos a 18 equipos para la próxima temporada? Con este cambio sólo descenderían 6 equipos por grupo en vez de los 9 actuales para hacer la misma reestructuración.

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