Diario de León
Ángel Fraguas
León

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La Cultural camina por arenas movedizas desde hace demasiado tiempo. Los fatales planteamientos en los despachos influyen decisivamente en lo deportivo. El club leonés camina con paso firme hacia la Tercera División. Lo muestra jornada a jornada. Pero los que menos culpa tienen de la desesperante y tortuosa situación deportiva son los jugadores y el entrenador.

No cobran desde hace cinco meses. No tienen sustento para llevarse a su boca ni a la de sus familias. Un círculo viciado mueve sus vidas. Y de tal circunstancia, los únicos responsables son los que han conducido a esta sociedad anónima deportiva a la quiebra. Los diez años de Profutle han significado la muerte para una Cultural, que de descender a Tercera División atascaría aún más su futuro. El futuro comprador, José Luis Tamargo, se empeña en manifestar que la decisión ya la tiene tomada y que no piensa dar marcha atrás, pero la afición culturalista, la única que sufre por los males de su equipo, no se lo cree hasta que el agente firme la compra de un club que en la división inmediatamente inferior supondría un plus a mayores para salir del pozo.

La situación no está complicada. Está delicadísima. Al entrenador Alberto Monteagudo y a los futbolistas les corresponde comportarse como nadie se ha comportado con ellos desde que llegaron a León y a la Cultural. Deben ser auténticos profesionales para salvar al equipo del descenso a Tercera. Pese a los impagos de sus últimas cinco nóminas, tienen que hacer un esfuerzo por León y por esa afición que se ha volcado para dotarles de un dinero que tiene más un efecto simbólico de que esta tierra está con los futbolistas de su equipo que lo que pueda suponerles para cubrir sus necesidades.

Monteagudo y sus jugadores deben estar más unidos que nunca. Si hay rencillas, dejarlas a un lado por el bien de la Cultural.

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