Adiós a la maldición (3-0)

El Madrid vence al Olympique y derriba el muro de octavos. Los dos equipos lucen camisetas de apoyo al culé Abidal

El genial pase de Özil (izquierda) sobre Di María, al que abraza Adebayor, sentenció la eliminatoria

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ignacio tylko | madrid
León

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No fue un partido sobresaliente del Madrid pese al 3-0, ni siquiera notable, pero sí mostró el oficio, la pegada, la disciplina y la concentración suficientes para aprobar la vieja asignatura pendiente, derribar el muro de octavos y acabar con la maldición de un Lyon que jamás dio la sensación de poder dar otra sorpresa en el Bernabéu.

Jugó Cristiano mermado hasta que el choque quedó resuelto, pero el Madrid tampoco le necesitó. Mourinho reclamó tranquilidad y naturalidad para afrontar una de esas noches de la verdad y combatir la ansiedad lógica después de seis años de fracasos en octavos y siete partidos sin saber cómo meterle el pie al Lyon.

El Madrid fue de manos a más pero salió atenazado, raro, con las líneas más separadas de lo habitual. Dejó hacer en un buen tramo de la primera parte a los franceses, bien juntitos pero romos incluso con Lisandro. Era cuestión de tiempo, de madurarles. Más bien fue el Lyón el que dificultó al principio la salida de Xabi Alonso y de Khedira. Con el alemán y sin Granero, el Madrid gana músculo pero pierde fútbol, y mucho.

Pese a no dominar, el Madrid llegaba más. Los centros de Xabi Alonso en las acciones a balón parado generaban incertidumbre en la zaga. La mejor combinación se tradujo en el gol. Xabi la sacó de lujo, Marcelo se asoció con Cristiano, hizo un par de recortes y tiró desde tan cerca que LLoris no pudo reaccionar.

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El Madrid se soltó en la reanudación. Tocó más y mejor, maniató todavía mejor a los franceses en defensa. Su segundo gol fue un ejemplo de lo que fue el partido. Un robo de Marcelo, un balón largo, un grave error de los centrales, y la definición perfecta de Benzema, que antes había reclamado un penalti. La eliminatoria estaba resuelta, aunque la pudo complicar Pepe. De nuevo lanzó un par de patadas alevosas. Cristiano pudo descansar el último cuarto de hora. Y la hinchada al fin disfrutó. Objetivo mínimo cumplido. Al acabar, el Real Madrid mostró su apoyo al barcelonista Eric Abidal desde los vídeo marcadores y con camisetas al final del encuentro.