El deporte como la mejor terapia
Presos del fútbol
La Fundación Real Madrid crea una escuela de fútbol en la cárcel leonesa de Villahierro para que sus internos puedan disputar competiciones con los reclusos de otras instituciones penitenciarias

El entrenador, Pepe Calvo, da las últimas instrucciones al equipo de los internos de Villahierro.
Los internos del centro penitenciario de Villahierro (Mansilla de las Mulas) aparcaron ayer sus problemas durante los 90 minutos que dura un partido de fútbol. Una hora y media de escape hacia la libertad. Tiempo suficiente para recuperar sensaciones y regatear a esa condena que casi siempre arranca las motivaciones de quien la padece.
Los prejuicios de la sociedad en torno a la vida en la cárcel son, en su mayoría, infundados. No es fácil soportar el día a día entre rejas, puertas corredizas y muros coronados por alambre, pero existen alternativas para mejorar la autoestima de los reclusos y avanzar hacia la reinserción.
El deporte les ayuda a respirar. Es parte de la terapia. La prisión leonesa toma oxígeno de su propio equipo de fútbol, formado por algo más de treinta presos que entrenan todas las semanas. Un soplo de aire fresco insuflado también desde la Fundación Real Madrid, que ha creado en la prisión de Mansilla de las Mulas una escuela de fútbol para competir con otros penales españoles.
El desafío arrancó ayer en el campo de tierra del centro leonés. Sobre el terreno de juego dos selecciones, formadas por quince jugadores cada una. El conjunto local disputó la primera eliminatoria del Torneo de Fútbol Centros Penitenciarios contra el combinado de la cárcel de Dueñas (Palencia).
El partido empieza a las cinco de la tarde, pero antes hay que pintar el campo, colocar las redes en las porterías y llevar las gradas hasta el terreno de juego. Los internos se encargan de estas tareas mientras el combinado de futbolistas de Villahierro sale del módulo seis, donde permanecen los reclusos que participan en las actividades deportivas. Van directos al vestuario cargados con los petates donde guardan la equipación. Mientras se cambian llega la charla técnica. El entrenador del Palencia, Pepe Calvo, que el domingo se impuso a la Cultural por un gol a cero, es también el preparador del equipo de la prisión leonesa. Lleva desde octubre. Va todos los lunes y martes. «Estoy encantado. Tengo un grupo fenomenal y es una experiencia muy enriquecedora», comenta el técnico leonés minutos antes de dar las primeras órdenes a sus pupilos para que se pongan a calentar.
El rival llega poco después. Todos visten el mismo uniforme, pantalón y camiseta blanca con el escudo del Real Madrid sobre el pecho. A alguno le da urticaria. No son pocos los forofos culés pero ninguno pone pegas. El Palencia se cubre con unos petos naranjas para que los tres árbitros de la Federación puedan distinguirlos.
Alejandro es el entrenador rival. Pepe Calvo lo conoce bien. Es el delantero del Palencia, uno de los máximos artilleros del grupo II de Segunda B. Fue él quien le puso sobre la pista. «Alex me habló el año pasado de esto y me dirigí a la Fundación del Real Madrid para entregarles el currículum y decirles que quería participar. A los dos días me llamaron», explica Calvo.
El resultado para ellos fue lo de menos. Los internos se lo toman de otra forma. A nadie le gusta perder y menos ante sus compañeros. Unos doscientos reclusos llenan las gradas. La mayoría son hombres aunque hay también alguna mujer. El capitán del equipo del centro penitenciario de Villahierro entrega al conjunto visitante una placa de vidrio como recuerdo. Está hecha en uno de los talleres de la prisión.
Suena el pitido inicial. El estado del terreno de juego no invita al toque pero los futbolistas burlan este obstáculo con sacrificio. Alguno desborda calidad pero todos exhiben compromiso. Palencia llega como favorito pero en el minuto once el delantero del equipo de la cárcel leonesa logra el primer gol del partido. La grada resopla y aplaude. Así liberan tensiones. León sentencia en el 40. Otra vez Morales, un chileno espigado que no da un balón por perdido. No hubo más goles. El Centro Penitenciario de Villahierro se impuso por 2-0 y tendrá que ir a Palencia el próximo 4 de abril para jugar la vuelta. Todos se dan la mano y advierten que «aún quedan 90 minutos para pasar a la siguiente ronda».
No hay tiempo para mucho más. La Guardia Civil espera. A las 19.30 horas el furgón con el conjunto visitante tiene que salir hacia Palencia. «La seguridad es lo primero», comenta un funcionario. Los internos de Villahierro van hacia sus módulos. Los futbolistas pasan por la ducha. Después toca recuento y cena. Están en la cárcel, aunque algunos lo olvidaran durante noventa intensos minutos.
Ése es uno de los objetivos, pero hay otros más importantes. La iniciativa, promovida por la Fundación del Real Madrid, con la colaboración del Ministerio del Interior y el apoyo indispensable de los funcionarios, pretende fomentar las relaciones entre la población interna y prepararles para cuando salgan de la cárcel.
El deporte les muestra valores que tenían olvidados y les obliga también a acudir a los entrenamientos. Deben ser responsables si quieren estar en el equipo. Olvidarse de las drogas y vivir en un módulo de respeto.
Los funcionarios les motivan para que mejoren y puedan estar dentro de la selección. Los reconducen a través del deporte. Parece que funciona. Los internos muestran una cara desconocida para quien pasa los días al otro lado de los muros. Sonríen, gastan bromas y posan para las fotografías. Mientras rueda el balón olvidan los problemas derivados de la falta de libertad. Se sienten importantes.