balonmano. un jugador orgulloso de lo leonés
El padrino de «Llibla»
Jaime González alentó a bautizar la mascota-mastín del Reale Ademar con este nombre. La palabra resume su amor por León.
Jaime González, a la derecha, junto al mastín del Ademar.
Cualquiera que lo conozca un poco sabe que no es un jugador al uso. Estudiante extraordinario —tiene acabada su ingeniería aeronáutica— y amante de disciplinas tan dispares como los idiomas, la caza o la arquitectura, el central del Reale Ademar, Jaime González, un jugador salido de la cantera ademarista, ha sacado ahora a relucir su faceta más leonesa para ser el gran impulsor de que la nueva mascota-mastín del equipo leonés haya sido rebautizada con un nombre que tiene unas inconfundibles sonoridades de la tierra: «Llibla».
La palabra tiene su origen y él se apresura a explicarlo. «Hará tres o cuatro años comencé a interesarme mucho por todo lo leonés, por nuestra forma de hablar, nuestras tradiciones y nuestra lengua». Y lo dice alguien a caballo entre identidades cercanas y a la vez con sello propio. «Por parte de padre soy asturiano, de madre soy berciano de Arganza y yo me crié en Vegas del Condado», apunta. Ese amor por lo leonés comenzó por las palabras. «Empecé a recoger las que escuchaba a los abuelos, a mi abuelo del Bierzo, Antonio, ya fallecido y a mi abuela de Asturias, Mari, que es de la zona de El Berrón».
Fue un compañero en las categorías inferiores del Ademar, el también central Juan Castro, —ahora cedido al Torrevieja— quien le dio la idea. «Todos mis amigos conocían mi afición por esta mezcla de leonés y bable y un día me dijo Juan Castro: -tienes que inventar un idioma-. Yo le dije -vale- y nos pusimos a pensar como lo íbamos a llamar. Al final quedó esa palabra: Llibla, que es una forma de entender la vida, las tradiciones de esta tierra y de amor por la cultura rural leonesa», razona Jaime.
Y cuando habla de todo lo que lleva dentro una palabra mestiza como Llibla se le nota apasionado, por su contenido y por su continente. «Llibla no es sólo la forma de llamar al idioma. Es una filosofía de vida, es el amor por la tierra, por las tradiciones, por lo que se hacía antes y ahora no que es casi todo estrés y trabajo. No puedo entender que mucha gente, sobre todo los jóvenes, cuando tienen un día libre se lo pasen en un centro comercial en lugar de disfrutar de la naturaleza que tenemos en León. Para mí es inconcebible y como lo es, creé el Llibla, un idioma que lleva implícito toda una serie de valores», subraya.
Incluso se ha puesto manos a la obra para llevar al papel este concepto. «Estoy haciendo un diccionario del Llibla con palabras de León que he ido recogiendo por ahí». Lleva cerca de un centenar en su particular lista. Un propósito que le ocurrió el año pasado. «Estábamos en el Campeonato Universitario de Balonmano en Alicante. Ví pasar una pareja de patos y les dije a mis compañeros: -¡mirar que dos alabancos más guapos!- que es como se les llama en la ribera del Porma. Y en ese momento, un señor que estaba allí, coordinador de la Universidad se dio la vuelta y me preguntó que de donde era. Se lo dijem hablamos y él me dijo que era de León, de Valduvieco, que se casó en el Órbigo y que aunque desde que era rapaz no había vuelto por allí se acordaba de esa palabra».