¡Que viene, que viene...!
Ya falta poco. En menos que Ponferrada se come un botillo, el Real Madrid cruzará la meseta por los aires del invierno y descenderá en El Bierzo en olor de santidad. Supongo que Mourinho ya sabe lo que le espera en El Toralín y pondrá en el once la magia completa. Los entrenadores de los grandes acostumbran a mirar por encima del hombro a los que llevan la B en su equipaje segundón y suelen darle la oportunidad a los platanitos de la plantilla que se pasan casi toda la temporada oliendo a banquillo. Yo sé cómo se las gastan por aquí, en esta tierra fuerte, dura y orgullosa, acostumbrada a partirse el alma en un campo de fútbol. Y haría bien el portugués en sacar dejarse de probaturas y sacar toda su artillería cuando venga a Ponferrada. Que venga Cristiano, y Benzema, y Xabi Alonso, y Sergio Ramos, y Casillas, y Di María, y Marcelo… Que vengan todos y que se pongan el pantaloncito corto, no vaya a ser que les salga El Toralín por la culata. La Ponferradina no está en su mejor momento de euforia, pero aquí el carácter es fuerte, como el carbón de sus montes, y no es descartable un arreón milagroso que deje al gran Madrid mirando a Cacabelos. Lo importante de la llegada de los dioses a la capital berciana es que van a resucitar, de golpe, las esencias más puras de una afición que necesita empujones extra para volver a creer. Es posible que haya que lamentar haber soñado y que el de la Barca tenía razón, que « los sueños, sueños son», pero, pase lo que pase, que esta Ponferrada encendida de Copa y de ilusión no olvide que, como dice el viejo proverbio berciano, « En la vida, soñar es siempre el cuadro más bonito, el resto sólo es pintura».