Equilibrio ecológico en los campos leoneses

El conejo de monte sirve de alimento a diversas rapaces.
Admitiendo que la recuperación en los niveles de antaño de la perdiz roja y de la liebre ibérica es casi imposible, en la gran mayoría de los cotos de la provincia se imponen soluciones que, a la vez de mantener la afición de muchos cazadores, puedan también contribuir al establecimiento de un equilibrio ecológico en el campo. En este sentido y en bastantes acotados, se ha decidido recuperar el conejo de monte, especie muy prolífica y cuya desaparición en muchas zonas se debió a dos enfermedades, la mixomatosis y la hemorragia vírica que, hoy por hoy, tienen solución veterinaria y ya no son tan dañinas debido a una cierta inmunidad adquirida por el roedor.
Las reintroducciones del conejo de monte en lugares donde habían desaparecido enfrenta con frecuencia a cazadores y agricultores que temen los daños ocasionados por el roedor. Las técnicas utilizadas para repoblar son múltiples y variadas. La utilización de vivares artificiales, enterrados pero con fácil acceso, a la vez que les sirven de protección permiten el control periódico de las poblaciones. Cerrar la zona con una valla cinegética durante algún tiempo servirá también para protegerles hasta que se familiaricen con el terreno y comiencen a expandirse. En otras ocasiones es suficiente enterrar algunos tubos, o palets de madera y acumular cepos y raíces o rocas para que ellos mismos vayan fabricando sus propias madrigueras. La proximidad de zarzales o monte bajo de encinas y escobas será de gran ayuda. A partir de una cierta altitud las laderas de solana son más adecuadas que las umbrías, aunque en ocasiones el propio animal se desplaza unos cientos de metros en busca de la ubicación en la que se encuentra mas a gusto.
Si la repoblación resulta exitosa enseguida comenzarán a verse pequeños gazapos que, a partir del primer mes, ya abandonan el vivar. Una coneja puede dar entre cinco y seis camadas al año, siempre que no escasee el alimento. Las camadas, dependiendo de la edad de la madre, suelen ser de seis o más gazapos. Las hembras son fértiles a partir del tercer mes de vida, lo que da una idea de las posibilidades de expansión de la especie que, en algunos momentos fue considerada un auténtica plaga. Los incendios forestales o las quemas de zarzales y linderos afectan al conejo de forma muy negativa, ya que tienden a encuevarse y mueren por asfixia. No es bueno realzar repoblaciones en terrenos húmedos o que puedan encharcarse periódicamente. Si la madriguera se inunda el conejo puede salir, pero perderá su camada. Además deberá buscar o excavar nuevas madrigueras y quedará indefenso ante los depredadores. Muchos intentos de repoblación fracasan sin que se puedan asegurar las causas, pero el éxito es frecuente y con él se abrirá una interesante expectativa en el coto de caza menor.