LONDRES 2012 | HISTORIAS olímpicAs
De opositor a plata y Nobel
Philip John Noel-Baker capitaneó al equipo británico después de oponerse a . Amberes 1920 y 30 años antes de recibir el mayor reconocimiento extradeportivo.

Noel-Baker en la final de los 1500 metros de Estocolmo 1912.
Finalizada la I Guerra Mundial el ambiente en Europa no era propicio para la organización de unos nuevos Juegos Olímpicos. Entre los contrarios a un evento deportivo internacional se encontraba Philip John Noel-Baker, un destacado joven del mundo académico de Cambridge y del atletismo británico.
«Los Juegos Olímpicos cuestan dinero y el dinero se necesita primero para otras cosas. Antes hay que poner la casa en orden», escribió en el «Times» el destacado deportista que conocía los sacrificios de sus conciudadanos en la posguerra. Junto a otro olímpico popular, Strode Jackson, pidió que se realizara el aplazamiento de la celebración para tiempos mejores.
Sin embargo, todo cambió por un error. Según el historiador Matin Polley, Gran Bretaña aceptó la invitación belga para competir en los Juegos Olímpicos por un error de la Oficina de Asuntos Exteriores a la hora de contestar a la petición. A pesar del desliz, los altos cargos británicos aceptaron el descuido con honor y cambiaron su actitud.
Philip John Noel-Baker, que había destacado en los Juegos de 1912, invirtió su posición y pasó de ser el capitán de la delegación de atletismo de Cambridge a responsable del equipo de su país.
Desde que asumió su cargo insistió en el papel de los clubes para promocionar el deporte y lograr algún éxito al tiempo que luchó contra el rechazo de las clases trabajadoras ante un acontecimiento que consideraban elitista.
Al fin y al cabo, la mayor parte de los deportistas británicos que compitieron en los Juegos procedían de universidades y academias.
En el plano deportivo recuperó su mejor forma. Él, cuya labor humanitaria en el frente francés fue reconocida internacionalmente, se entregó al entrenamiento y organización de sus pupilos gracias a su experiencia en Estocolmo en 1912.
No obstante, sus esfuerzos de distribución y las consecuencias de su presencia en combate en la «Gran Guerra» no restaron su capacidad como olímpico.
En la final de 1.500 metros logró un segundo puesto, por detrás de Arnold Jackson. De hecho, según las crónicas de la época, Baker -de Cambridge-, trabajó para que su compañero de equipo -de Oxford- lograra obtener la ansiada victoria.
Sin embargo, su mayor reconocimiento procedió de su posterior carrera política.
Convencido pacifista, fue portavoz de la desaparición y reducción de armamento en el planeta como ministro del presidente inglés Winston Churchill y como miembro de la Sociedad de Naciones y de las Naciones Unidas.
En 1959 recibió el premio Nobel por sus esfuerzos con un discurso de desarme radical y sus proyectos de ayuda a los refugiados.
Así, en Estocolmo, 47 años después de su sexto puesto en la prueba de 1.500 metros, se colgó una distinción mayor que supuso el máximo reconocimiento para un hombre que siempre se mantuvo entre la excelencia académica y deportiva.